Servir no es Sobresalir, es Simplemente Servir.

A veces pensamos que a través del servicio podremos escalar posiciones y llegar a sitiales o metas que nos hemos propuesto, otras veces usamos el servicio como una excusa para alcanzar ciertos privilegios, pero debemos corregir esta errada motivación y entender que el poder servir a otros en sí ya es un privilegio, un honor y una recompensa. Debemos canalizar nuestras motivaciones a través del amor y del agradecimiento. Debemos servir porque entendemos que es parte de los privilegios que Dios nos permite hacer, y porque entendemos la grandeza y el honor de ser parte de de este gran operativo de rescate, de un mundo perdido que necesita con extrema urgencia experimentar el amor incondicional de Dios a través de nuestras vidas.

Un gran ejemplo de canalizar nuestros talentos como una oportunidad para servir a otros y no solamente para sobresalir o destacarnos en algo, fue Eric Liddell, uno de los misioneros que más ha impactado mi vida, él fue hijo de una pareja de misioneros que había entregado su vida a servir en la China. Desde muy pequeños Eric y sus hermanos vieron a sus padres dedicarse con una pasión inconmovible al pueblo chino. En 1920 se inscribió en la Universidad de Edimburgo, donde descubrió sus aptitudes y desarrolló sus dotes atléticos, ganando grandes premios, y destacándose como corredor.
 
En el momento cúspide de su carrerra deportiva, habiendo conseguido la medalla dorada en las olimpiadas de Paris en 1924, y batiendo un nuevo récord mundial, decide dejar todos sus logros de lado, para correr una mejor carrera, servir a Dios.
 
Luego de terminadas las Olimpíadas de París, y de haber concluido sus estudios universitarios, regresó a China, en donde sirvió como misionero desde 1925 hasta 1943. Su trabajo como misionero tuvo el adicional de gran riesgo para su vida ya que se produjo la invasión japonesa a China. En 1943 Liddell, junto a otros misioneros americanos, pasó a trabajar tras las líneas japonesas. Ese mismo año aparecieron los primeros síntomas de la enfermedad que le provocaría la muerte, un tumor cerebral. Al poco tiempo fue internado en Weishien. Dos años más tarde el extraordinario corredor olímpico y abnegado misionero falleció en China.
 
Al enterarse de la muerte de Lidell, Escocia y toda Gran Bretaña estuvieron de luto.
Su enfermera relata que sus últimas palabras fueron de regocijo por la tarea cumplida: “Lo he entregado todo”. 
 
La pasión de servir a esa nación no fue detenida por la fama ni por el dinero, había dedicado su vida por ayudar y dar a conocer a Jesús. La habilidad de ser un gran corredor lo utilizó para servir a otros. Durante la guerra corría kilómetros trasladando a los heridos para que sean atendidos.

En una ocasión Eric dijo: “No tienes que ser famoso o especialista para servir al Señor. Dios pregunta solamente si en lo que te desempeñas lo haces con sinceridad y fidelidad. Dios te ha llamado para que lleves fruto, y ése fruto debe permanecer. Dios honra a sus fieles, y él honrará tu obediencia, con una vida que trasciende hasta la eternidad. La entrega completa a Cristo es la victoria total”.

Tomado de especialidadesjuveniles.com

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