Hace muchos años, un predicador llegó a vivir a Houston, Texas. Era nuevo en la ciudad, apenas estaba comenzando su ministerio y todavía pocas personas lo conocían.
Una mañana, tomó un autobús para dirigirse al centro de la ciudad. Después de pagar el pasaje y sentarse cerca de una ventana, revisó el cambio que el conductor le había entregado. Fue entonces cuando notó que había recibido un dólar de más.
Por un instante sostuvo aquella moneda entre sus dedos mientras una pequeña lucha comenzaba dentro de él.
—“Es solo un dólar…” —pensó—.
“La empresa ni siquiera lo notará. Además, nadie se va a preocupar por una cantidad tan pequeña.”
Intentó convencerse de que no tenía importancia. Después de todo, parecía algo insignificante.
Pero mientras el autobús avanzaba, su conciencia no lo dejaba en paz.
Cuando finalmente llegó a su parada, se levantó lentamente, caminó hacia el conductor y le extendió el dólar.
—Señor, me dio dinero de más.
El conductor levantó la mirada, sonrió con tranquilidad y respondió:
—Lo sé.
El predicador quedó sorprendido.
Entonces el hombre añadió:
—Usted es el nuevo predicador que llegó hace poco, ¿verdad? He estado pensando en volver a la iglesia… y quise ver qué haría usted en una situación así.
Aquellas palabras golpearon profundamente el corazón del predicador.
Bajó del autobús en silencio, conmovido y avergonzado al mismo tiempo. Miró el dólar en su mano y, casi quebrantado, susurró:
—Dios mío… por poco vendo tu testimonio por un dólar.
Y quizá esa es una realidad que muchas veces olvidamos.
Hay personas que nunca abrirán una Biblia, pero sí observarán nuestra vida. Escucharán nuestra manera de hablar, verán nuestras acciones, nuestras decisiones y cómo actuamos cuando creemos que nadie nos observa.
Porque el verdadero cristianismo no se demuestra solamente en un altar, sino en los pequeños actos cotidianos donde el carácter habla más fuerte que las palabras.
Jesús dijo:
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
Mateo 5:16
Nunca subestimes el impacto de una decisión correcta.
A veces, una acción pequeña puede acercar un corazón a Dios… o alejarlo completamente.
Por eso recuerda siempre quién eres y a quién representas en este mundo.
Porque quizá, sin darte cuenta, tu vida está siendo el único evangelio que alguien alcanzará a leer.
%20(5).png)
0 comments:
Publicar un comentario