viernes, 27 de marzo de 2015

Published marzo 27, 2015 by with 0 comment

Siempre Motivados. Reflexión

Hay  una  historia  que  nos  permite  resumir  la  idea  de  que  solo  motivado  puede dársele significado a lo que hacemos y de tal forma, se puede cumplir fielmente la tarea: Tres hombres están trabajando en la construcción de un edificio. La misma paga. El mismo horario. Las mismas  condiciones de trabajo. 

Sin embargo, llega una persona curiosa y le pregunta al primer albañil: 
- “¿Qué están ustedes haciendo?”

El primero, casi sin inmutarse, le responde:
- “¿Qué no puede ver? ¡Aquí estoy poniendo ladrillos, en este gran calor!-

Sorprendido por la respuesta, se acerca al segundo y le hace la misma pregunta, pero obtiene la siguiente  respuesta:  
- “¡Pues  aquí  estamos  ganando  unos  centavos  para  vivir,  mejor  dicho  para  sobrevivir!”

Al  final  se  le  acerca  al  último  hombre,  haciéndole  la  misma  pregunta,  a  la  cual,  le  responde,  levantando  su  mirada  y  viéndole  a  los  ojos,  con  mucho  orgullo  y  satisfacción  por  su  trabajo: 
“Estamos  construyendo  un  hospital  que  salvará  muchas  vidas,  aquí  será  el  área  de  pediatría,  odontología. Esta será  la recepción y vera como nos quedará de linda y será de gran bendición  para esta comunidad.”
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lunes, 16 de marzo de 2015

Published marzo 16, 2015 by with 0 comment

Aliento del Cielo: Desecha Tus Cargas Innecesarias. Reflexión

En un pueblo caminaba un campesino con su cosecha sobre las espaldas. Acostumbrado a caminar algunos kilómetros para llegar a su hogar, inicia su trayecto por una calle poco transitada, llena de polvo y soledad. Cada treinta minutos hace una parada para descansar de esas casi 100 libras de peso de su carga.
 
Muy pocas veces transita un vehículo, por lo cual pierde toda esperanza de recibir ayuda. Pero este día es fuera de lo común. Un vehículo a toda velocidad pasa a su lado dejándolo envuelto en una nube de polvo. Sin embargo, el conductor hace una parada, ve al hombre y lo llama, movido a misericordia y le dice:
-          ¡Señor! Va camino al pueblo- pregunta el conductor.
-          ¡Sí! – exclama el campesino.
-          Súbase, lo llevo – dice el dueño del vehículo.

Ni lento ni perezoso, el campesino sube a la parte trasera del pickup e reinician el recorrido. Pasan 10 minutos del viaje y el conductor se recuerda del campesino y observa a través de su espejo retrovisor el cuadro. No lo puede creer. Es allí donde vuelve a parar y se baja de su vehículo.
- ¿Algún problema? Pregunta el campesino.
- Señor, yo le di la oportunidad de que usara para mi vehículo para que descansara de su carga y viajara más liviano.
- Así es – detalla el campesino – Estoy muy agradecido por su apoyo, llegaré muy temprano a mi casa.
- Pero – exclama asombrado el conductor – ¡Usted todavía lleva la carga sobre su espalda!, Puede ocupar la cama del vehículo para ponerla allí y descansar.
- ¡Es cierto, verdad! Dice el campesino bajando la carga. Avergonzándose por su mala decisión.


Parece una historia un poco jocosa, pero muchos viajamos por la vida de la misma forma. Llevamos las cargas del pasado. Libras de malas de decisiones. Kilos de errores. Quintales de pecados. Malos pensamientos. Ira. Amargura. Odio. Deseos de venganza. Escombros de una estima. Impotencia de mejorar. Mediocridad. Historias familiares que avergonzarían a cualquiera. Son “nuestras” cargas. Hemos vivido con ellas. V

iajado con ellas. Hemos transitado el dolor una y otra vez llevándonos  un recuerdo.  Hemos construido salones repletos de sufrimiento. Burla. Ansiedad. Preocupación. Nos quejamos de tenerlos, pero no los soltamos. Nos hacen daño, sin embargo, las cuidamos de que nadie nos las quite. Han tomado el control de nuestros pensamientos, nuestras acciones y de nuestro futuro.
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