martes, 19 de mayo de 2026

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El Pequeño Gorrión y el Incendio del Bosque: La Historia de Hacer Tu Parte

Cuentan que un enorme incendio consumía el bosque. Las llamas avanzaban con fuerza, el humo cubría el cielo y todos los animales corrían desesperados para salvar sus vidas. Los leones huían, los venados escapaban, los tigres corrían entre los árboles y hasta las aves más grandes se alejaban del peligro. 

En medio de aquel caos, un pequeño gorrión decidió hacer algo diferente. Volaba hasta un río cercano, tomaba en su diminuto pico una gota de agua y regresaba para dejarla caer sobre el fuego. Luego volvía al río y repetía el mismo recorrido, una y otra vez, sin descansar. 


Mientras tanto, un enorme elefante corría despavorido tratando de escapar de las llamas. Al pasar cerca del gorrión, se detuvo por un momento y, mirándolo con incredulidad, soltó una carcajada. 

—¡Pequeño gorrión! —le dijo burlándose—. ¿De verdad crees que con esas pequeñas gotas podrás apagar un incendio tan grande? 

El gorrión dejó caer una gota más sobre el fuego, respiró profundamente y respondió con serenidad: —No sé si lograré apagar el incendio… pero estoy haciendo mi parte. 

El elefante quedó en silencio. Porque en aquel instante comprendió que el valor no siempre se mide por la fuerza o el tamaño, sino por la decisión de actuar cuando todos los demás han decidido rendirse. 

Y cuentan que después de escuchar aquellas palabras, el elefante regresó al río… y comenzó también a llevar agua. Poco a poco, otros animales regresaron. Unos llevaron agua, otros ayudaron a abrir caminos, otros rescataron a quienes estaban atrapados.

Porque a veces el verdadero valor no está en tener la fuerza para resolverlo todo, sino en tener el coraje de no quedarse inmóvil cuando algo necesita cambiar.

La historia del pequeño pajarito nos recuerda que ninguna acción buena es demasiado pequeña cuando nace de la responsabilidad, la conciencia y el deseo de ayudar.
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lunes, 18 de mayo de 2026

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Reflexión: La Plantita que Devolvió la Fe.

Carlos y Elena soñaban con escuchar risas en su casa. Habían pintado una habitación de color amarillo claro, comprado una pequeña cuna y guardado en un cajón unos zapatitos diminutos que nunca llegaron a usarse. 



El primer embarazo terminó en silencio. Un silencio frío de hospital. Un silencio que se metió en las paredes de la casa y apagó las canciones que Elena solía cantar mientras cocinaba. Pero ellos siguieron creyendo. “Dios sabe lo que hace”, repetían. 

Meses después volvieron a intentarlo. 

Y esta vez la noticia parecía un milagro doble: eran gemelos. Carlos lloró de alegría cuando vio el ultrasonido. Imaginó dos bicicletas en el patio, dos voces llamándolo “papá”, dos pequeños corriendo por la sala. Pero otra vez llegó la tragedia. 

La pérdida fue devastadora. 

Carlos dejó de orar. Dejó de entrar a la iglesia. Dejó de mirar al cielo. 

Cada vez que alguien le decía “confía en Dios”, algo dentro de él se rompía más. —¿Confiar en qué? —decía lleno de rabia—. ¿En un Dios que me dio esperanza solo para quitármela? 

Elena sufría en silencio, pero Carlos se endureció. Ya no quería escuchar prédicas, alabanzas ni versículos. Un amigo cercano, preocupado por él, lo invitó a un retiro espiritual en las montañas. Carlos no quería ir. —No tengo nada que hablar con Dios. Pero terminó aceptando más por cansancio que por fe. 

El segundo día del retiro, uno de los guías pidió a todos los participantes que salieran a caminar solos por unos minutos. 
 —Quiero que observen la creación —dijo el guía—. 

Miren la naturaleza. Escuchen el viento. Y den gracias a Dios por su bondad. 

Todos caminaron hacia los jardines, hacia los árboles y los senderos verdes. Todos menos Carlos. Él, molesto, se fue hacia una esquina olvidada del lugar. Un área completamente cubierta de cemento. 

Sin árboles. Sin flores. Sin sombra. 

El calor subía desde el suelo como fuego. Todo era gris. “Perfecto”, pensó. “Este lugar se parece más a lo que llevo dentro.” Se sentó enojado sobre una banca de concreto y bajó la mirada. 

Y entonces la vio. Una pequeña plantita. Delgada. Frágil. Verde. Había nacido en medio de una grieta diminuta del cemento. Carlos se quedó observándola. No tenía tierra suficiente. No tenía agua visible. No tenía condiciones para vivir. Pero ahí estaba. Abriéndose camino donde parecía imposible. Y algo dentro de él comenzó a quebrarse. 

Sintió como si Dios le hablara en silencio: “Si puedo hacer brotar vida en medio del cemento… también puedo hacerla brotar en tu corazón.” 

Carlos comenzó a llorar. Primero lentamente. Después sin control. Lloró por sus hijos. Por su enojo. Por su dolor guardado. Por las preguntas que nunca tuvieron respuesta. 

Cayó de rodillas frente a aquella pequeña planta y entre lágrimas repetía: —Vine a reclamarle a Dios… pero ahora solo vine a alabarlo. Vine a alabar a Dios. 

Porque entendió algo que jamás olvidaría: La fe no siempre nace donde todo florece. A veces nace precisamente en las grietas.
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viernes, 15 de mayo de 2026

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Mantente Firme en el Carruaje… y yo me Encargaré de Hacerte Ganar - La Lección de Vida para No Rendirse

Muchos recuerdan las escenas épicas de Ben-Hur, protagonizada por Charlton Heston y dirigida por Cecil B. DeMille. Se cuenta que durante la preparación de las escenas de carrera, Heston tenía serias dificultades para controlar la cuadriga: un carruaje romano tirado por cuatro caballos. Mantener el equilibrio, dominar la velocidad y coordinar la fuerza de los animales era una tarea extremadamente difícil. 


Después de muchos intentos, esfuerzo y práctica, finalmente logró estabilizar la cuadriga y conducirla con seguridad. Sin embargo, todavía tenía dudas sobre la competencia. 

Entonces le dijo al director: —“Creo que ya puedo conducir la cuadriga… pero no creo poder ganar la carrera”. 

Y el director le respondió: —“No te preocupes por ganar la carrera. Tú solo mantente firme en el carruaje… y yo me encargaré de hacerte ganar”. 

Qué poderosa lección para nuestra vida espiritual. 

Muchas veces queremos controlar todo: el resultado, el futuro, el éxito, las puertas abiertas y hasta los tiempos de Dios. Pero desde una cosmovisión bíblica, Dios no siempre nos pide que tengamos todo resuelto; nos pide fidelidad, perseverancia y permanecer firmes. La Biblia enseña que nuestra responsabilidad es mantenernos en el camino, sostener las riendas con fe y no abandonar el propósito. La victoria final pertenece a Dios. Como dice la Escritura: 

“Estad firmes y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros” (Éxodo 14:13). Tal vez hoy sientes que apenas logras mantener estable tu “cuadriga”. 

Quizás no sabes cómo terminará la carrera. Pero Dios no espera perfección inmediata; espera confianza. Él sigue siendo el Director de la historia. Tu tarea es permanecer fiel. La victoria, déjasela a Dios.
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jueves, 14 de mayo de 2026

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El Pájaro en el Invierno: Una Poderosa Lección de Liderazgo y Sabiduría

Un reconocido conferencista sobre liderazgo relataba una historia sencilla, pero profundamente reveladora. 

Cuenta que, en medio de un invierno cruel, un pequeño pajarito emprendió vuelo buscando refugio. El viento helado era tan intenso que sus alas comenzaron a congelarse poco a poco. Agotado, sin fuerzas y casi sin vida, cayó sobre un camino solitario cubierto de nieve. 


El pajarito pensó que todo había terminado. Mientras permanecía inmóvil, una vaca que pasaba por el lugar dejó caer excremento justo encima de él. En ese momento, el ave sintió indignación y desesperación. “¿Cómo puede pasarme algo peor?”, pensó. Sin embargo, lo que parecía una desgracia comenzó a darle calor. Poco a poco, el excremento conservó la temperatura suficiente para evitar que muriera congelado. Sus alas recuperaron movilidad y, lleno de alegría, el pequeño pájaro comenzó a cantar. 

Un gato que caminaba cerca escuchó el canto. Se acercó cuidadosamente, removió el excremento, limpió al pajarito y lo sacó de allí. El ave creyó que finalmente había llegado alguien bueno a rescatarlo. Pero apenas estuvo limpio y vulnerable, el gato se lo comió. 

La historia termina con tres enseñanzas poderosas para el liderazgo y la vida: 

Primero: no todo lo que parece malo realmente lo es. A veces las situaciones incómodas, las crisis o incluso los momentos humillantes terminan fortaleciéndonos y preservándonos. 

Segundo: no todo el que te saca de un problema es necesariamente tu amigo. Hay personas que aparentan ayudar, pero sus intenciones son egoístas o destructivas. 

Y tercero: cuando estés en medio de dificultades, aprende a ser prudente. No siempre es sabio anunciarle al mundo cada detalle de tu situación. 

El liderazgo madura cuando aprendemos a interpretar las circunstancias con sabiduría. Hay procesos incómodos que forman carácter, y hay ayudas aparentes que esconden intereses. Un líder no solo necesita valentía, también necesita discernimiento para entender quién realmente aporta vida a su camino.
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miércoles, 13 de mayo de 2026

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No Regales Todo tu Aceite - La Lección del Faro

Había una vez un hombre encargado de cuidar un faro en una costa peligrosa. Cada mes recibía una cantidad exacta de aceite, suficiente para mantener la luz encendida durante todas las noches. Y aquella luz no era cualquier cosa: era la guía de los barcos, la esperanza de los navegantes y la diferencia entre la vida y la tragedia. 



Una noche llegó una mujer pobre pidiéndole un poco de aceite porque sus hijos tenían frío. El hombre sintió compasión y le regaló una parte. Al día siguiente vino un anciano que necesitaba aceite para iluminar su pequeña casa. También le dio. Después llegó un pescador que necesitaba combustible para trabajar. Y nuevamente compartió el aceite. 

Así pasaron los días. El encargado del faro se sentía orgulloso de ayudar a todos. Pensaba que estaba haciendo lo correcto. Pero una noche el aceite se terminó. La luz del faro se apagó. En medio de la oscuridad, varios barcos perdieron el rumbo y chocaron contra las rocas. Hubo pérdidas, dolor y tragedia. Cuando las autoridades investigaron lo sucedido, el hombre explicó: 
—Solo intentaba ayudar a los demás… 
Entonces escuchó una respuesta que jamás olvidaría: 

—Te dieron el aceite para mantener encendido el faro. Esa era tu misión principal. 

Muchas veces queremos salvar a todos, ayudar a todos, responderle a todos y cargar problemas que no nos corresponden. Pero mientras intentamos apagar los incendios ajenos, podemos terminar descuidando aquello que Dios nos entregó como responsabilidad. No todo lo que parece bondad es sabiduría. Hay personas que viven tan ocupadas resolviendo la vida de otros que terminan perdiendo su paz, su familia, su propósito y hasta su relación con Dios. Jesús ayudaba a muchos, pero también sabía retirarse, descansar y enfocarse en su misión. No dijo sí a todo el mundo. No corrió detrás de todas las expectativas. Él entendía que una luz apagada no puede guiar a nadie. 

Hoy quizás necesitas recordar esto: No puedes vaciarte completamente tratando de sostener a todos. No puedes regalar el aceite de tu alma hasta quedarte sin luz. Cuida tu fe. Cuida tu paz. Cuida tu propósito. Porque hay personas que dependen de que tu faro siga encendido .

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” — Proverbios 4:23
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martes, 12 de mayo de 2026

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Todo Tiene Su Tiempo: La Lección del Bambú Chino

En una pequeña aldea, un anciano agricultor dedicaba gran parte de sus días a sembrar bambú chino. Cada mañana, antes de que saliera completamente el sol, caminaba lentamente hacia el terreno con una cubeta de agua en una mano y herramientas en la otra. Con paciencia removía la tierra, abonaba el suelo y regaba cuidadosamente aquella semilla que había plantado con esperanza. 



Sin embargo, pasaban los meses… y no ocurría nada. 
La tierra seguía exactamente igual. 
No había brotes. 
No había tallos. 
No había señales visibles de vida. 

Aun así, el anciano regresaba todos los días. Los vecinos comenzaron a burlarse de él. 
—Ese hombre pierde su tiempo. 
—Nada crecerá allí. 
—Ha trabajado tanto para absolutamente nada. 

Pero el agricultor guardaba silencio y continuaba cuidando la semilla con la misma dedicación del primer día. 

Pasó un año. 
Luego dos. 
Después tres. 

Y el terreno seguía aparentemente vacío. 

Cualquiera habría pensado que aquella semilla estaba muerta. Cualquiera habría abandonado el esfuerzo. 
Pero el anciano seguía regando la tierra todos los días, aunque no pudiera ver resultados. 

Pasaron cinco años. 
 Después seis. 
 Y finalmente, en el séptimo año, algo extraordinario ocurrió. 

Una pequeña punta verde comenzó a salir de la tierra. Los vecinos se sorprendieron. Algunos pensaron que apenas crecería unos cuantos centímetros. Pero en cuestión de semanas, aquel bambú comenzó a elevarse de manera impresionante hasta alcanzar varios metros de altura. Lo que parecía muerto, en realidad había estado creciendo todo el tiempo. 

Durante aquellos largos años, el bambú no estaba perdiendo el tiempo. Estaba desarrollando raíces profundas, fuertes y resistentes bajo la superficie. Necesitaba prepararse internamente antes de poder sostener el enorme crecimiento que tendría después. Porque si hubiera crecido demasiado rápido sin raíces firmes, el primer viento fuerte lo habría destruido. Y quizá así sucede también con muchas etapas de nuestra vida. 

Hay temporadas donde sentimos que no avanzamos. Oramos y no vemos respuestas. Trabajamos y no vemos resultados. Nos esforzamos, aprendemos, lloramos, resistimos… y pareciera que nada cambia. Mientras otros avanzan rápidamente, nosotros seguimos en silencio, luchando en terrenos donde aparentemente no está ocurriendo nada. Pero muchas veces, el crecimiento más importante no ocurre afuera, sino debajo de la superficie. 

Dios trabaja primero en las raíces antes de mostrar los frutos. Fortalece el carácter. Forma la paciencia. Moldea la fe. Desarrolla madurez. Rompe el orgullo. Construye resistencia. Y aunque nadie pueda verlo, algo poderoso está ocurriendo dentro de nosotros. Porque las personas que llegan lejos no son aquellas que crecieron rápido, sino aquellas que aprendieron a sostenerse firmes cuando nadie veía progreso. 

El bambú nos recuerda que no todo proceso invisible es un fracaso. A veces el cielo guarda silencio porque las raíces todavía se están fortaleciendo. Y cuando llegue el momento correcto, aquello que parecía detenido crecerá de una manera tan extraordinaria, que muchos no comprenderán cómo sucedió tan rápido… sin saber que hubo años enteros de preparación que nadie vio.
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lunes, 11 de mayo de 2026

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Una Gota de Gracia Cambia Vidas

En una noche fría y silenciosa, cuando las calles parecían haberse olvidado de la compasión y el mundo cerraba sus puertas a los cansados, un hombre caminaba sin rumbo cargando el peso de su pasado. Sus ropas desgastadas hablaban de años de sufrimiento, pero sus ojos revelaban algo aún más profundo: un corazón endurecido por el rechazo, la injusticia y la soledad. Su nombre era Jean Valjean, y aunque había salido de prisión, todavía seguía viviendo encerrado en las cadenas del desprecio humano.


Había pasado casi dos décadas en prisión. No por asesinar, ni por cometer grandes crímenes, sino por algo que comenzó con un acto desesperado: robar un pedazo de pan para alimentar a su familia hambrienta. Pero la cárcel endureció su corazón. La injusticia, el desprecio y el abandono fueron apagando lentamente la bondad que aún quedaba dentro de él. 

Cuando finalmente salió libre, descubrió que afuera también existían cadenas. Nadie quería recibirlo. Las puertas se cerraban apenas escuchaban que había sido un presidiario. Nadie le ofrecía comida. Nadie le daba un lugar para dormir. Era como si el mundo entero le recordara constantemente que ya no merecía una segunda oportunidad. Cansado, hambriento y lleno de amargura, llegó una noche a la casa de un anciano abad. El hombre de Dios no le preguntó de dónde venía ni qué había hecho. Simplemente lo vio como un ser humano necesitado. Lo invitó a entrar, le preparó comida caliente y le ofreció una cama limpia para descansar. 

Jean Valjean no podía entender aquella bondad. Después de tantos años de desprecio, aquel gesto parecía imposible. Pero durante la madrugada, algo oscuro habló dentro de él. Mientras todos dormían, observó los cubiertos y candelabros de plata de la casa. Pensó que podría venderlos y escapar. Entonces tomó las piezas de valor y huyó en medio de la noche. Horas más tarde fue capturado por unos policías, quienes encontraron la plata en su poder. 

Lo llevaron nuevamente ante el abad. Jean Valjean estaba destruido. Sabía que volvería a prisión. Sabía que aquella bondad había sido traicionada. 
Los oficiales hablaron primero: 
 —Este hombre dice que usted le regaló estas piezas de plata. 

El abad guardó silencio por un instante. Luego miró a Jean Valjean fijamente, pero no con odio… sino con compasión. Y entonces dijo algo que cambiaría aquella vida para siempre: —Claro que sí. Yo se las regalé. Pero olvidó llevarse también los candelabros. Los policías quedaron confundidos. 

El abad tomó los candelabros de plata y los colocó en las manos temblorosas de Jean Valjean. Después, acercándose a él, le dijo suavemente: 

—Con esta plata he comprado tu alma para Dios. No vuelvas a pertenecer a la oscuridad. Conviértete en un hombre nuevo. 

Aquella gracia fue más fuerte que cualquier castigo. Jean Valjean había soportado cárceles, golpes y rechazo. Pero nunca había conocido algo tan poderoso como el perdón inmerecido. Y fue precisamente ese acto de misericordia lo que quebró el corazón endurecido que llevaba dentro. 

Desde aquel día decidió cambiar. Dejó atrás la vida que había destruido su alma y comenzó a convertirse en un hombre diferente: ayudando a otros, levantando necesitados y viviendo con honestidad. 

Porque hay verdades que esta historia nos recuerda profundamente. Muchas veces pensamos que las personas cambian únicamente por castigo, presión o miedo. Pero algunos corazones solo pueden ser transformados cuando conocen la gracia. La gracia tiene un poder que el juicio jamás podrá alcanzar. Mientras el castigo recuerda quién fuiste, la gracia te muestra quién todavía puedes llegar a ser. Y quizá eso es exactamente lo que Dios hace con nosotros. Llegamos delante de Él cargando errores, pecados, fracasos y noches oscuras. Mereciendo condena. Mereciendo rechazo. Pero en lugar de destruirnos, nos ofrece misericordia. Nos da una nueva oportunidad. 

Nos recuerda que nuestro pasado no tiene por qué definir nuestro futuro. Porque una sola experiencia de gracia genuina puede cambiar completamente el rumbo de una vida entera.
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martes, 7 de mayo de 2019

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Reflexión Corta: La Eternidad es lo Importante

"Pues este mundo no es nuestro hogar permanente; esperamos el hogar futuro." Hebreos 13:14 NTV 


El mundo ha logrado intoxicarnos y nublar de la vista. Nos ha apartado la visión de nuestro Hogar. Ha creado en nuestra mente una idea de que somos residentes, pero la eternidad nos recuerda que somos simples peregrinos en la Tierra. Simplemente estamos sembrando semillas para cosechar en la Eternidad. Ha puesto un velo donde solo nos muestra lo que nos interesa: Placer inmediato. Culto al cuerpo. Amor propio. Entretenimiento sin sentido. Nos pide que disfrutemos aquí. Que todo se acaba. Trata de atarnos. 

Trata de que olvidemos que estamos creados para ser eternos. Nos hace creer que fuimos diseñados para acumular objetos, lograr fama y satisfacer nuestros deseos. Fomenta llenarnos (irónicamente) de cosas vacías y sin sentido. Nos separa de quiénes amamos y nos desconecta de lo verdaderamente importante: Nuestra alma; pero nunca olvidemos que nuestro destino está en el cielo. Aquí solo sembramos semillas que podremos cosechar en la eternidad.
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jueves, 22 de septiembre de 2016

Published septiembre 22, 2016 by with 0 comment

¿Cómo Vencer al Desánimo?

"Entonces les dije: —Ustedes conocen bien el problema que tenemos, porque los muros de Jerusalén están en ruinas y sus portones se quemaron. Pero vamos a reconstruirlos, para que no se burlen más de nosotros. Les conté también cómo mi buen Dios me había ayudado, y lo que el rey me había dicho. Entonces ellos respondieron: — ¡Manos a la obra! Y, muy animados, se prepararon para iniciar la reconstrucción.” Nehemías 2:17-18


El desánimo es esa neblina en el camino que no nos deja ver bien hacia dónde vamos, pero sólo se puede vencer si sabemos qué hacer y lo que se desea lograr. Nehemías sabía que tenía una misión específica, no gastó sus esfuerzos en tratar de hacer todo a la vez. 

Primero dio ánimo, planificó, organizó y trabajó para lograr la construcción del muro de Jerusalén. Hubo cansancio, luchas internas, críticas externas, pero nada hizo que este hombre se rindiera. 

La pregunta es: ¿Cuál es tu meta? Actualmente se habla de los sueños y qué somos capaces de lograr cualquier cosa, sólo proponiéndose alcanzarlo, pero, como hijo de Dios ¿estás claro hacia donde quieres ir?, ¿estás siendo guiado por Dios? Cuando realmente dejemos de ir por una nueva visión cada vez que algo se ponga de moda o después de una plática motivacional. 

Sólo allí iniciaremos a conquistar el propósito de Dios para nuestras vidas y venceremos al desánimo porque ya no está interpuesto porque hay claridad en lo que se hará.
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viernes, 18 de marzo de 2016

Published marzo 18, 2016 by with 0 comment

Aliento del Cielo: 7 Cualidades del Perdón. ¡Nuevo! Para Compartir

“Si ustedes perdonan a otros el mal que les han hecho, Dios, su Padre que está en el cielo, los perdonará a ustedes.” Sn. Mateo 6:14. 



Dios nos regaló el perdón para que aprendiéramos hacer más como Él. Nos dejó la capacidad de perdonar y ser perdonas para seguir en esta vida libres de culpa y dolor. Por eso hay 7 características del perdón, las cuales son: 

1. Es un excelente un ungüento para sanar el alma. 
“Feliz el hombre a quien sus culpas y pecados le han sido perdonados por completo.” Salmos 32:1

No hay cicatrices que el perdón no pueda sanar. Tengan un día o 20 años, el perdón sincero tiene un poder capaz de aliviar tormentas, depresiones y heridas porque son borradas completamente. 

2. Es el antídoto inmediato para eliminar la amargura. 
 “Dejen de estar tristes y enojados. No griten ni insulten a los demás. Dejen de hacer el mal. Por el contrario, sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.” Efesios 4:31-32 

La amargura llega para quedarse en el corazón, haciendo añicos el amor y todo aquello bueno que hay en él, para convertirnos en personas ansiosas, depresivas y con mal carácter. Sólo el perdón cambia esa auto-destrucción que nos lleva rumbo a un destino sin esperanza a ver que hay esperanza de poder amar y ser amado. 

3. No cambia el pasado pero transforma el futuro. 
“Entonces mandaron a decirle: «José, antes de que nuestro padre muriera, dejó dicho que debías perdonarnos todo el mal que te hemos causado. Es verdad que te hemos hecho mucho daño, pero te rogamos que nos perdones». Cuando José recibió este mensaje, se puso a llorar… Sin embargo, José los tranquilizó, y con mucho cariño les dijo: —No tengan miedo, que yo no soy Dios. Ustedes quisieron hacerme daño, pero Dios cambió todo para bien. Ustedes han visto ya lo que ha sucedido: Dios ha dejado con vida a mucha gente. Así que no tengan miedo. Yo voy a cuidar de ustedes y de sus hijos.” Génesis 50:16-17,19-21. 

José sufrió 13 años por lo que sus hermanos le hicieron. Fue esclavo por ellos y preso por las mentiras de una mujer que deseaba seducirlo. Había razones para albergar la venganza y con todo el poder que tenía, demostrar que ellos se equivocaron porque José no tenía el derecho a sufrir. Pero no hizo eso. Demostró que sólo el perdón arregla el futuro y nos llena de paz. No iba a obtener rédito de lo que pasó, porque esto le ayudó a ser mejor. El perdón transforma. 

4. Reconstruye la estima. 
 “Ahora deben perdonarlo y ayudarlo a sentirse bien, para que no vaya a enfermarse de tanta tristeza y remordimiento.” 2ª. Corintios 2:7 

El perdón va en dos vías. El que lo recibe y el que lo da. Nos da el valor que habíamos perdido pensando que no importábamos nada, que se lo habían llevado todo con ese abuso sexual, físico o emocional. Pero, nos damos cuenta que al exonerar a otros de sus errores, la carga de la vida es más liviana y fácil de llevar. No vales por lo que te hicieron, sino por lo que Cristo ha hecho en ti y tú puedes hacer en los demás. 

5. Te hace un ganador. 
 “Quien perdona gana un amigo; quien no perdona gana un enemigo.” Proverbios 17:9 TLA 

No hay nada más que decir con esta frase. Ganas tu entrada a la Vida Eterna (Cuando dejas que Cristo te perdone). Ganas un corazón libre de deudas y rechazo. Ganas amistades y agradecimiento. Eso y más es lo que hace el perdón por nosotros. 

6. Elimina el deseo de venganza y autodestrucción. 
“El odio produce más odio; el amor todo lo perdona.” Proverbios 10:12 TLA 
La venganza sólo engendra más venganza. La autodestrucción no para hasta acabar con tu vida. Nunca se saciará tu deseo y jamás se pagará el agravio cometido. Sólo el perdón es capaz de llenarte y cambiar todo en paz y tranquilidad para seguir adelante. 

7. Mejora nuestra relación con Dios y los demás. 
“Pero te confesé sin reservas mi pecado y mi maldad; decidí confesarte mis pecados, y tú, Señor, los perdonaste.” Salmos 32:5 DHH 
Cuando confiesas que fallaste, Dios escucha y sana. Olvida todo y vuelve a empezar. Deja que entres delante de su trono con confianza y seguridad. Puedes hablar de tus angustias y tristezas sin problemas. No tienes porque esconderte. Igual es con las otras personas. Sientes confianza y seguridad. No piensas en que te fallarán, ni en que no eres lo suficientemente bueno para los demás. Siempre hay una sonrisa en tus labios y pierdes el temor. Eso lo hace el perdón.
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miércoles, 7 de octubre de 2015

Published octubre 07, 2015 by with 0 comment

Reflexión de Dante Gebel: Busca tu Propio Calcuta.

Hoy me levanté pensando que soy un hombre afortunado y un tipo muy feliz por dedicarme a hacer lo que hago, porque Dios me haya dado la Providencia de servirle. Pero nunca hubo atajos y mucho menos fue fácil; “Cuesta veinte años hacer un éxito de la noche a la mañana”. 



También hoy recordaba que lo largo de los años he tenido varios trabajos que solo eran salarios y no me gustaba lo que hacía. Vendí libros puerta a puerta. Fui carpintero junto a mi padre. Trabajé como cadete en un banco. Fui chofer en una empresa que vendía neveras comerciales. 

Vendí instrumentos musicales. Diseñé revistas. Ilustré algunos libros de estudio. Y fui el encargado de limpieza en una imprenta. ¿Te doy un pequeño consejo? Como Nehemías, se el mejor copero que puedas ser, hasta que Dios te promueva. 
No lloriquees. 
No te quejes. 
Mantén la actitud. 

Haz un buen trabajo en un mal empleo. Una mujer llamada Agnes sintió el llamado a servir a los demás cuando era adolescente. “Tengo tres centavos y el sueño de edificar un orfanato”, dijo. “Se que con Dios y tres centavos puedo hacerlo todo”. Durante 50 años trabajó entre los suburbios de Calcuta, y ganó el premio Nobel de la Paz. Muchos luego le preguntaban a la Madre Teresa como marcar una diferencia. Y ella respondía: “Se diligente con lo que tienes ahora…y búscate tu propio Calcuta” 

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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Published septiembre 16, 2015 by with 0 comment

Reflexión: 10 Frases de Max Lucado

"La lógica dice: "aprieta los puños." Jesús dice: "Llena el vaso". La lógica dice: "Golpee su nariz." Jesús dice, "lávale los pies". La lógica dice: "Él no se merece esto". Jesús dice: "Sí, pero tu tampoco". 



"Las Relaciones no prosperan porque se castigue al culpable, sino porque el juez es misericordioso" 

“Las personas que dejan huella no son las mas acreditadas; lo son las que se preocupan por los demás”. 

"Dios va a usar lo que quiera mostrar su gloria. Cielo y las estrellas. Historia y naciones. Gente y problemas. " 

"La clave es esta: aborda los problemas de hoy con la fuerza de hoy. No comiences a abordar los problemas de mañana hasta mañana. No tienes la fuerza de mañana aún. Tienes suficiente por hoy." 

"La gratitud eleva nuestra mirada, nos quita los ojos de las cosas que nos faltan para que podamos ver las bendiciones que poseemos. Nada acaba con el frío invernal del día como la brisa de la gratitud." 

"Dios te ama como eres, pero se niega a dejarte como estas. Quiere que seas como Jesús." 

"Un poco de lluvia puede cambiar el tallo de una flor. Un poco de amor puede cambiar una vida."   

"La fe es la firmeza del alma que le aporta osadía a los sueños."  

"Cambia tu definición de oración. No pienses que es tanto una actividad para Dios como un conocimiento de Dios. Procura vivir en una conciencia permanente de su realidad. Reconoce su presencia donde quieras que vayas. Al esperar en la fila mientras pagas el registro de tu automóvil, piensa: “Gracias Señor por estar aquí conmigo”.  En la tienda de víveres mientras haces las compras, medita: “Tu presencia mi rey acojo en mi vida. Te doy la bienvenida”. Mientras lavas los platos, adora a tu hacedor. "
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lunes, 14 de septiembre de 2015

Published septiembre 14, 2015 by with 0 comment

Reflexión de Max Lucado: Dios quiere que seamos como Jesús.

Nosotros somos barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. (Isaías 64.8) 


Dios quiere que seamos como Jesús. ¿No es esto una buena noticia? 
No estás condenado a seguir con la personalidad que tienes hoy, ni a ser un “cascarrabias” para siempre. Puedes cambiar. Aún si todos los días estás preocupado, no tienes que estarlo por el resto de tu vida. ¿Y qué si naciste lleno de prejuicios? No tienes que morir así. ¿De dónde vino la idea de que no podemos cambiar? 

¿De dónde vienen las frases como: “es mi naturaleza estar preocupado”, o “Siempre seré pesimista. Así es como soy”? ¿Haremos afirmaciones semejantes sobre nuestros cuerpos? “Es por naturaleza que tengo una pierna fracturada. No puedo remediarlo”. Claro que no. Si nuestro organismo no funciona bien, buscamos remedio. ¿No haremos lo mismo con nuestro corazón?¿No buscaremos ayuda para nuestras actitudes amargas?¿No podremos solicitar tratamiento para nuestros rasgos egoístas? 

Claro que podemos. Jesús puede cambiar nuestro corazón. Él quiere que tengamos un corazón como el suyo.
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