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miércoles, 27 de mayo de 2026

Published mayo 27, 2026 by with 0 comment

Reflexión: Cuando Volver No Debe Ser Una Opción

"Hermanos, no considero haber llegado ya a la meta, pero esto sí es lo que hago: me olvido del pasado y me esfuerzo por alcanzar lo que está adelante." Filipenses 3:13


En el año 1519, el conquistador español Hernán Cortés partió desde la isla que hoy conocemos como Cuba con una expedición de 11 barcos y cerca de 500 hombres rumbo a las tierras desconocidas del continente americano, lo que hoy es México. Algunos relatos históricos señalan que la expedición también buscaba obtener noticias o rastros de españoles que anteriormente habían navegado hacia aquellas tierras inexploradas y de quienes poco se sabía. 

Pero dentro de Cortés existía algo más profundo que una simple misión militar o comercial. Había en él una convicción intensa, casi obsesiva: conocer, explorar y abrir camino hacia un mundo nuevo. Su corazón ardía por descubrir aquello que nadie de su entorno había visto todavía. 

Cuando desembarcaron en las costas de Veracruz, el temor comenzó a apoderarse de muchos hombres. Frente a ellos había selvas desconocidas, pueblos misteriosos, enfermedades, hambre y la incertidumbre de no saber qué encontrarían más adelante. 

Algunos empezaron a pensar en regresar a Cuba mientras aún podían hacerlo. Entonces ocurrió uno de los momentos más impactantes de la historia. Cortés comprendió que mientras existiera una ruta de escape, muchos nunca entregarían realmente su esfuerzo al futuro que tenían enfrente. Por eso ordenó destruir las embarcaciones. Popularmente se dice que “quemó los barcos”, aunque varios historiadores explican que muchos fueron hundidos o desmantelados para impedir el retorno. Imaginar aquella escena todavía impresiona: hombres observando cómo desaparecía la única posibilidad de volver atrás. El humo, la madera quebrándose, el mar llevándose la seguridad conocida. Y después de eso… solamente quedaba avanzar. 

Desde entonces, la expresión “quemar los barcos” se convirtió en una poderosa metáfora de vida. Significa comprometerse por completo con una meta, un propósito o un sueño. Es dejar de vivir mirando hacia atrás y comenzar a caminar pensando en aquello que puedes alcanzar. Es dejar atrás las excusas, el miedo y las rutas de escape. 

Muchas personas desean cambiar su vida, iniciar un proyecto, estudiar, emprender, sanar o crecer… pero mantienen siempre un pequeño bote escondido para escapar cuando aparecen las dificultades. Y mientras la mente sigue aferrada al regreso, el corazón nunca avanza completamente. 

A veces en la vida seguimos mirando hacia atrás: 
“¿Y si fracaso?” 
“¿Y si mejor regreso a lo conocido?” 
“¿Y si no soy capaz?” 

Pero la historia de Cortés nos recuerda una idea profunda: muchas veces el verdadero avance comienza cuando dejamos de pensar en retroceder. Quemar los barcos no significa actuar irresponsablemente. Significa decidir con valentía que el futuro que deseas vale más que la comodidad de volver atrás. Es decirle a tus metas: “No vine hasta aquí para regresar igual.” 

Porque quien vive pensando únicamente en volver, jamás descubre hasta dónde puede llegar.
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martes, 29 de julio de 2014

Published julio 29, 2014 by with 0 comment

Reflexión: Poder en la Debilidad. ¡Nuevo!



“pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí.” 2ª Corintios 12:9

Dios quiere usarte para su obra. No veas debilidades, observa las oportunidades de mejorar y ser un siervo de Dios.

Algunas de las personas de mayor éxito a lo largo de la historia lo han sido a pesar de sus desventajas personales.

Carlos Spurgeon, quizá el más grande de los predicadores después de Pablo, no fue admitido en la Universidad de Cambridge. Pero estudiando por su cuenta llegó a desarrollar tan gran conocimiento bíblico y habilidad en la oratoria, que sus sermones eran publicados semanalmente durante cuarenta años, vendiéndose más de 150 millones de ejemplares en Europa y América. Además, Spurgeon escribió 135 libros.
A pesar de que era ciego, Juan Milton escribió El paraíso perdido.  Beethoven perdió la facultad de oír a los cuarenta y dos años, pero él continuó escribiendo música imperecedera.

Abraham Lincoln asistió menos de un año a una escuela pública. Pero cuando él firmó la Proclamación de Emancipación, puso en libertad a cuatro millones de esclavos negros.
Cervantes empezó El Quijote en la cárcel. Juan Bunyan escribió El progreso del peregrino mientras estaba encarcelado en Bedford. Y el apóstol Pablo escribió casi la tercera parte del Nuevo Testamento siendo un prisionero romano.

William Wilberforce atacó sin descanso el tráfico de esclavos de Inglaterra. Enfermo y bajo cuidado médico por veinte años, tomaba solo la dosis de opio que le permitía funcionar. Tuvo siempre el valor y el control de no aumentar nunca la dosis.

Una destacada persona británica fue a escuchar a Wilberforce y después confesó: "Vi lo que parecía una simple gamba sobre la mesa; pero a medida que le escuchaba creció la gamba hasta convertirse en una ballena." Superó sus dificultades y desventajas.

Víctor Hugo, uno de los escritores más populares de Francia, fue exiliado por el emperador Napoleón  debido a sus convicciones políticas. Todos pensaron que aquel era el fin de Victor Hugo, pero durante su exilio escribió Los miserables, obra que fue publicada simultáneamente en diez idiomas.

No pongas tus ojos en las debilidades y/o desventajas, mantén tus ojos puestos en quien te llamó. Él hará la dieferencia.



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viernes, 6 de junio de 2014

Published junio 06, 2014 by with 0 comment

Servir no es Sobresalir, es Simplemente Servir.

A veces pensamos que a través del servicio podremos escalar posiciones y llegar a sitiales o metas que nos hemos propuesto, otras veces usamos el servicio como una excusa para alcanzar ciertos privilegios, pero debemos corregir esta errada motivación y entender que el poder servir a otros en sí ya es un privilegio, un honor y una recompensa. Debemos canalizar nuestras motivaciones a través del amor y del agradecimiento. Debemos servir porque entendemos que es parte de los privilegios que Dios nos permite hacer, y porque entendemos la grandeza y el honor de ser parte de de este gran operativo de rescate, de un mundo perdido que necesita con extrema urgencia experimentar el amor incondicional de Dios a través de nuestras vidas.

Un gran ejemplo de canalizar nuestros talentos como una oportunidad para servir a otros y no solamente para sobresalir o destacarnos en algo, fue Eric Liddell, uno de los misioneros que más ha impactado mi vida, él fue hijo de una pareja de misioneros que había entregado su vida a servir en la China. Desde muy pequeños Eric y sus hermanos vieron a sus padres dedicarse con una pasión inconmovible al pueblo chino. En 1920 se inscribió en la Universidad de Edimburgo, donde descubrió sus aptitudes y desarrolló sus dotes atléticos, ganando grandes premios, y destacándose como corredor.
 
En el momento cúspide de su carrerra deportiva, habiendo conseguido la medalla dorada en las olimpiadas de Paris en 1924, y batiendo un nuevo récord mundial, decide dejar todos sus logros de lado, para correr una mejor carrera, servir a Dios.
 
Luego de terminadas las Olimpíadas de París, y de haber concluido sus estudios universitarios, regresó a China, en donde sirvió como misionero desde 1925 hasta 1943. Su trabajo como misionero tuvo el adicional de gran riesgo para su vida ya que se produjo la invasión japonesa a China. En 1943 Liddell, junto a otros misioneros americanos, pasó a trabajar tras las líneas japonesas. Ese mismo año aparecieron los primeros síntomas de la enfermedad que le provocaría la muerte, un tumor cerebral. Al poco tiempo fue internado en Weishien. Dos años más tarde el extraordinario corredor olímpico y abnegado misionero falleció en China.
 
Al enterarse de la muerte de Lidell, Escocia y toda Gran Bretaña estuvieron de luto.
Su enfermera relata que sus últimas palabras fueron de regocijo por la tarea cumplida: “Lo he entregado todo”. 
 
La pasión de servir a esa nación no fue detenida por la fama ni por el dinero, había dedicado su vida por ayudar y dar a conocer a Jesús. La habilidad de ser un gran corredor lo utilizó para servir a otros. Durante la guerra corría kilómetros trasladando a los heridos para que sean atendidos.

En una ocasión Eric dijo: “No tienes que ser famoso o especialista para servir al Señor. Dios pregunta solamente si en lo que te desempeñas lo haces con sinceridad y fidelidad. Dios te ha llamado para que lleves fruto, y ése fruto debe permanecer. Dios honra a sus fieles, y él honrará tu obediencia, con una vida que trasciende hasta la eternidad. La entrega completa a Cristo es la victoria total”.

Tomado de especialidadesjuveniles.com
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jueves, 18 de abril de 2013

Published abril 18, 2013 by with 0 comment

Tomado de Internet: Para ser un triunfador, primero hay que ser un Luchador.



El triunfo nos deleita como ser humanos, la victoria tiene un sabor suave; pero esta historia nos lleva a meditar en que no llegar primero no siempre es un  "fracaso". Lo importante es llegar, finalizar, luchar, sobreponerse y encumbrarse a lo más alto.
Recordar que tenemos un propósito grande, y que no perdamos la perspectiva de para ser un triunfador, primero hay que ser un luchador.
 
"Una noche de octubre de 1968, un grupo de espectadores perseverantes se quedó en el Estado Olímpico
de la Ciudad de México para ver la llegada del último corredor de la maratón. Más de una hora antes, Mamo Wolde de Etiopía había ganado la carrera, por lo que recibió los vitores de los espectadores. Pero a medida que la gente esperaba por los últimos participantes, iba oscureciendo y la temperatura bajaba.

Parecía que ya había llegado el último de los corredores, de manera que los espectadores comenzaron a retirarse, cuando de pronto oyeron sirenas y pitos del último corredor hizo su entrada en la pista para el último tramo de los cuarenta y dos kilómetros.


e la policía que venían de la puerta de la maratón en el estadio. Y mientras todos observaban,

Era John Stephen Akwhari de Tanzania. Mientras corría en la pista los últimos cuatrocientos metros, el público podía ver que su pierna estaba vendada y sangraba. Se había lesionado al caer durante la carrera, pero eso no lo había detenido. El público del estadio se puso de pie para aplaudirlo hasta que llegó a la meta.

Mientras se retiraba cojeando, le preguntaron por qué no se había rendido, si estaba lesionado y no tenía posibilidad de ganar una medalla.

«Mi país no me envió a México para comenzar una carrera», respondió. «Me mandaron a terminar una carrera»."
 
Akhwari miró más allá del dolor del momento y mantuvo su ojo en el cuadro completo; en la razón por la que estaba allí. A medida que usted hace el viaje del éxito, recuerde que su meta es terminar la carrera, dar lo mejor de sus capacidades. Usted fue creado con un propósito. Haga sus decisiones y planifique sus esfuerzos de acuerdo a esto.
(Tomado de El mapa para alcanzar el Éxito de John Maxwell)
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