martes, 23 de junio de 2026

Published junio 23, 2026 by with 0 comment

Una Vida Con Propósito. Dios Quiere Usarte

"Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué; te di por profeta a las naciones." Jeremías 1:5 

 "Señor, quiero ser médico con todo mi corazón. Quise ser médico para servir a los demás. Y por eso lo he perdido todo, pero también lo he ganado todo. He compartido la vida de pacientes y personal del hospital, he reído con ellos, he llorado con ellos. Esto es lo que quiero hacer con mi vida. Y, como Dios es mi testigo, sea cual sea su decisión hoy, señor, seguiré siendo el mejor médico que el mundo haya visto jamás." — Patch Adams 


Hay algo profundamente poderoso en un hombre que ha encontrado su propósito. El mundo puede burlarse de él, las instituciones pueden rechazarlo, las personas pueden malinterpretarlo, pero cuando un hombre sabe para qué fue llamado por Dios, se convierte en una fuerza imposible de detener. 

Jeremías era apenas un joven cuando Dios le reveló una verdad que cambiaría para siempre su existencia: "Antes que te formase en el vientre te conocí". Dios no improvisa destinos, ni mucho menos tiene una visión utilitaria. No crea vidas al azar. Antes de que existiéramos, antes del primer aliento, antes de los triunfos y fracasos, Dios ya había trazado un propósito para ti. 

El problema es que muchos hombres y mujeres pasan toda su vida pidiendo permiso al mundo para ser aquello que Dios ya les ordenó ser. Esperan aprobación, reconocimiento, aplausos o aceptación. Pero la historia bíblica demuestra lo contrario. José fue vendido, David perseguido, Jeremías rechazado, Pablo encarcelado y Cristo crucificado. El llamado de Dios rara vez será celebrado por el sistema. Cuando Patch Adams compareció ante aquel comité, no estaba simplemente defendiendo una profesión; estaba defendiendo una convicción. Y cuando afirmó que seguiría siendo médico independientemente del veredicto, expresó una verdad espiritual extraordinaria: el propósito dado por Dios no depende de la aprobación de los hombres. Quien ha sido alcanzado por el llamado de Dios se vuelve semejante a un huracán. No porque sea fuerte en sí mismo, sino porque el Dios soberano sopla detrás de él. Podrán intentar desacreditarlo, ridiculizarlo, cerrarle puertas o expulsarlo de ciertos lugares, pero no podrán detenerlo. Gamaliel lo expresó siglos atrás: "Si esta obra es de Dios, no la podréis destruir" (Hechos 5:39). 

Por eso, el mundo siempre tendrá que tomar una decisión respecto a aquellos que viven conforme al propósito divino: aceptarlos como colaboradores o soportarlos como una espina clavada en el talón. Porque quienes han sido llamados por Dios no desaparecen silenciosamente. Persisten. Insisten. Vuelven a levantarse. Siguen amando, sirviendo, predicando, enseñando, sanando y edificando, aun cuando el costo sea alto. Si Dios te ha llamado, no negocies tu propósito. No permitas que el temor, la crítica o el rechazo definan tu destino. Aquel que te conoció antes de formarte también es poderoso para sostenerte hasta el final. Porque cuando Dios determina el propósito de una vida, no temas si el camino se vuelve solitario. 

Los hombres pueden rechazarte, malinterpretarte y oponerse a ti. Así ocurrió con los profetas, con los apóstoles y con el mismo Cristo. Pero si Dios te ha llamado, permanece fiel. Porque el hombre puede resistir al siervo de Dios, pero nunca podrá derrotar la voluntad de Dios
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