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miércoles, 7 de octubre de 2015

Published octubre 07, 2015 by with 0 comment

Reflexión de Dante Gebel: Busca tu Propio Calcuta.

Hoy me levanté pensando que soy un hombre afortunado y un tipo muy feliz por dedicarme a hacer lo que hago, porque Dios me haya dado la Providencia de servirle. Pero nunca hubo atajos y mucho menos fue fácil; “Cuesta veinte años hacer un éxito de la noche a la mañana”. 



También hoy recordaba que lo largo de los años he tenido varios trabajos que solo eran salarios y no me gustaba lo que hacía. Vendí libros puerta a puerta. Fui carpintero junto a mi padre. Trabajé como cadete en un banco. Fui chofer en una empresa que vendía neveras comerciales. 

Vendí instrumentos musicales. Diseñé revistas. Ilustré algunos libros de estudio. Y fui el encargado de limpieza en una imprenta. ¿Te doy un pequeño consejo? Como Nehemías, se el mejor copero que puedas ser, hasta que Dios te promueva. 
No lloriquees. 
No te quejes. 
Mantén la actitud. 

Haz un buen trabajo en un mal empleo. Una mujer llamada Agnes sintió el llamado a servir a los demás cuando era adolescente. “Tengo tres centavos y el sueño de edificar un orfanato”, dijo. “Se que con Dios y tres centavos puedo hacerlo todo”. Durante 50 años trabajó entre los suburbios de Calcuta, y ganó el premio Nobel de la Paz. Muchos luego le preguntaban a la Madre Teresa como marcar una diferencia. Y ella respondía: “Se diligente con lo que tienes ahora…y búscate tu propio Calcuta” 

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martes, 29 de abril de 2014

Published abril 29, 2014 by with 0 comment

Sobre Trabajo en Equipo: Diferentes, Pero Necesarios.

"La verdad, «más valen dos que uno», porque sacan más provecho de lo que hacen. " Proverbios 4:9

Hubo una vez en una carpintería en la que hubo una extraña asamblea: Las herramientas se reunieron para arreglar sus diferencias. El martillo fue el primero en querer ejercer la presidencia, pero la asamblea le notificó que debía renunciar. ¿La causa? Hacía demasiado ruido, y se pasaba el tiempo golpeando.

El martillo reconoció su culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo: había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

El tornillo aceptó su retiro, pero a su vez pidió la expulsión de la lija: era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija estuvo de acuerdo, pero con la condición de que fuera expulsado el metro ya que se pasaba el tiempo midiendo a los demás, como si él fuera perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo, utilizando alternativamente el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Al final, el trozo de madera se había convertido en un bonito mueble.

Cuando la carpintería quedó sola otra vez, la asamblea reanudó la deliberación. Dijo el serrucho: “Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestras flaquezas, y concentrémonos en nuestras virtudes”.  

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba solidez, la lija limaba asperezas y el metro era preciso y exacto. Se sintieron como un equipo capaz de producir hermosos muebles, y sus diferencias pasaron a segundo plano.
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