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martes, 7 de mayo de 2013

Published mayo 07, 2013 by with 2 comments

Aliento del Cielo: Un Favor, Una Gran Recompensa



Hay una historia que deja un excelente mensaje sobre la influencia que se tiene al hacer "pequeñas cosas" que contribuyan a mejorar la vida de alguien. Es probable que no se reciban las recompensas de las acciones, pero ese detalle puede influir en mejorar la vida de los demàs. Lectura recomendada.
En Escocia habìa un pobre agricultor de apellido Fleming. Un dìa, mientras trabajaba para conseguir el sustento de su familia, oyò un grito que provenìa de un pantano que habìa allì cerca. Arrojò sus herramientas de labranza y corriò hasta el pantano. Hundido hasta casi los hombros, habìa un muchacho que trataba de salir de aquel lodo oscuro y pegajoso. El agricultor salvò al muchachito de lo que podìa haber sido una lenta y terrible muerte.
Al dìa siguiente, un fino y rico carruaje estacionò frente a la cabaña del pobre escocès. Un noble, elegamentemente vestido, descendiò y se presentò como el padre del chico salvado de la muerte por el campesino Fleming.
-Quiero recompensarlo - dijo el noble - Usted salvò la vida de mi hijo.
-No puedo aceptar ningùn pago por lo que hice - respondiò el campesino escocès, moviendo las manos en señal de protesta.
En ese momento, apareciò  el hjo del agricultor en la puerta de la cabaña.
-¿Este es su hijo? - preguntò el noble.
-Si - respondiò orgullosamente.
-me gustarìa hacer un negocio con usted. Déjeme  llevarlo para darle una buena educaciòn. Si el hijo se parece a su padre, seguro llegará a ser un hombre del cual podrá enorgullecerse.
El campesino se lo permitiò. Luego de algunos años, el joven se garduò  en la escuela de Medicina del Hospital Saint Mary, de Londres. Llegò a ser conocido alrededor del mundo como el famoso Dr. Alexander Fleming, quién descubrió la penicilina.
Algún tiempo más tarde, el hijo de aquel noble, el mismo que fuera salvador por el padre de Alexander, contrajò neumonía. ¿Qué fue lo que salvó? La penicilina ¿El nombre de aquel noble? Lord Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill, quién llegó a ser primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial.
¿El mensaje?. Posiblemente el muchacho que hoy vemos correr en la calle de nuestra colonia, con nuestra ayuda logre hacer algo fantástico. Probablemente se logre hacer algo pequeño que ayude a otro, pero eso pude cambiar la vida de a de una persona. Nunca olvidemos la bondad es un valor que paga a quien menos esperamos.
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viernes, 8 de febrero de 2013

Published febrero 08, 2013 by with 0 comment

Tomado de Internet: Divorcio de Padres e Hijos

El juez golpeó la mesa con el martillo, y solemnemente pronunció la sentencia: «Concedida la demanda. Gregory queda divorciado de Raquel.» Pero en este caso se refería al divorcio en sentido figurado, porque quien se divorciaba era un niño de doce años de edad.
El menor había solicitado, en un tribunal de la Florida en los Estados Unidos, divorciarse de su madre Raquel Kinsley para poder ser adoptado legalmente por George y Lizz Russ, la pareja que lo había criado. El juez concedió este extraño divorcio porque Raquel, la madre, había abandonado por completo a su hijo prácticamente desde que nació.
En la actualidad los divorcios no son excepcionales, pero este divorcio es singular porque lo solicitó contra su madre un niño de doce años. La madre era drogadicta, mujer de bares y clubes nocturnos, de hombres, de fiestas y de abandono. En los doce años de la vida de Gregory, Raquel nunca fungió como verdadera madre. Fue madre biológica y nada más.
Gregory nunca tuvo cariño, ni educación ni cuidado. En cambio, la otra pareja le dio a Gregory todo lo que un niño necesita: amor, protección, consejos y la palabra mágica «hogar».
Lo cierto es que el hogar y la familia están sufriendo un ataque despiadado por parte de fuerzas enemigas como lo son el desapego de los padres hacia los hijos, la libertad excesiva, los vicios desenfrenados, la inmoralidad desvergonzada, y la irreligiosidad. La antigua institución judeo-cristiana se bambolea: las paredes se resquebrajan, el techo se hunde, los cimientos ceden y la casa se viene abajo.
¿Qué consecuencias trae este derrumbe del hogar, especialmente entre los adolescentes? Drogadicción, pandillaje, relaciones sexuales fuera del matrimonio, embarazos indeseados, delincuencia juvenil. Todos estos males tienen origen en hogares que no son hogares sino sólo casas, cuatro paredes frías sin alma.
¿De dónde proceden todos estos males sociales? De un gran divorcio previo, cuando el hombre se divorció de Dios. Todos los males que hay en el mundo —y la lista es larga— provienen de aquel primer divorcio que Adán y Eva hicieron de Dios su Creador y Padre. 

 Sin embargo, es posible reconciliarse con Dios y volver a casarse. Hay sanidad en la familia cuando se restablece esta comunión. Sometámonos al señorío de Jesuscristo. Cuando Él es Señor de nuestra vida, de nuestro matrimonio y de nuestro hogar, todo cambia. Él está en este momento tocando a la puerta de nuestro corazón. Abrámosela hoy mismo.

Hno. Pablo, Un Mensaje a la Conciencia
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jueves, 24 de enero de 2013

Published enero 24, 2013 by with 0 comment

Tomado del Internet: El Vuelo del Halcón.



Un rey recibió como obsequio, dos pequeños halcones, y los entregó al maestro de cetrería, para que los entrenara.

Pasados unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro no sabía qué le sucedía: no se había movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó.

El rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacer volar el ave.
Encargó, entonces, la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió.

Al día siguiente, por la ventana, el monarca pudo observar, que el ave aún continuaba inmóvil.

Entonces, decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar al halcón.
A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines.

El rey le dijo a su corte, "Traedme al autor de ese milagro". Su corte rápidamente le presentó a un campesino.

El rey le preguntó:
- ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago?

Intimidado el campesino le dijo al rey:
- Fue fácil mi rey. Sólo corte la rama, y el halcón voló.

- Se dio cuenta que tenía alas y se largó a volar.

¿A que estás agarrado que te impide volar? ¿De qué no te puedes soltar?
Vivimos dentro de una zona de comodidad donde nos movemos, y creemos que eso es lo único que existe. Dentro de esa zona está todo lo que sabemos, y todo lo que creemos. Convivimos con nuestros valores, nuestros miedos y nuestras limitaciones. En esa zona reina nuestro pasado y
nuestra historia.


Todo lo conocido, cotidiano y fácil...
Tenemos sueños, queremos resultados, buscamos oportunidades, pero no siempre estamos dispuestos a correr riesgos. No siempre estamos dispuestos a transitar caminos difíciles.

Deja de aferrarte a tu propia rama y corre el riesgo de volar más alto y quizás en tu vida como en la mía, podamos descubrir que las palabras del
gran apóstol Pablo hoy más que nunca están vigentes:

"Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman". (1ª Corintios 2:9)

Dios nos ha dado alas para volar alto, tan alto como las águilas y descubrir que sus pensamientos al igual que sus caminos, son mas altos que los
nuestros.


Atrévete a volar...
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viernes, 21 de diciembre de 2012

Published diciembre 21, 2012 by with 0 comment

El Mensaje de la Sangre

Era un nombre de varón, breve y sonoro. Un nombre que, con sólo pronunciarlo, evoca imágenes de los cuentos árabes de Las mil y una noches. Un nombre que hace pensar en la Mezquita de Omar, y en aquel Califa del mismo nombre que quemó la Biblioteca de Alejandría por contener libros contrarios a la fe musulmana. El nombre era «Omar».
Sin embargo, en este caso el nombre «Omar» estaba escrito con sangre humana en la pared de una costosa residencia de Mougin en la Costa Azul. Lo había escrito la millonaria Ghislaine Marchal, herida de muerte por su jardinero Omar Raddad. Ese solo nombre, escrito con sangre, fue prueba suficiente para arrestar y condenar al jardinero. Los diarios franceses que dieron cuenta del suceso lo llamaron «El mensaje de la sangre». Y en verdad, fue todo un mensaje, y toda una acusación, escrito con la sangre de una víctima inocente.
Si hay un elemento en el cuerpo humano que por sí solo posee elocuencia, es la sangre. La literatura universal menciona infinidad de veces la sangre: «sangre ardiente», «sangre heroica», «sangre inocente». Incluso, de un buen caballo de carreras se dice que es «de pura sangre».
La Biblia trata sobre dos sangres que tienen un mensaje extraordinario para la humanidad. Son ellas la sangre de Abel y la sangre de Cristo. Ninguna otra sangre tiene tanta elocuencia y tanto significado.
La sangre de Abel —dice la Biblia—, la primera víctima del odio religioso, «reclama justicia» (Génesis 4:10). En cambio, la sangre de Cristo «limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7). La sangre de Abel, el justo, pide venganza; la sangre de Cristo, el Salvador, pide perdón para toda la humanidad.
Si no comprendemos el propósito del sacrificio de Cristo, tampoco podremos entender la razón por la que vinimos a este mundo. Todos hemos venido a este mundo para vivir, es decir, para cumplir en vida el propósito de haber nacido. Con Cristo fue todo lo contrario. Él cumplió el propósito de su venida con su muerte. De sí mismo Él dijo: «El Hijo del Hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28).
La muerte de Cristo, el derramamiento de su preciosa sangre, fue el único propósito de su encarnación. Él vino para morir en expiación por nuestros pecados. Somos eternamente salvos mediante su muerte. Nuestra salvación descansa en la muerte de Cristo. Aceptemos ese favor divino. Él murió por nosotros
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