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jueves, 17 de octubre de 2013

Published octubre 17, 2013 by with 0 comment

Tomado de Internet: Cuando La Derrota, Fortalece. Historias de Éxito. ¡Nuevo!


 Un hombre intentó hacer cinco compañías de autos, y las cinco quebraron. Volvió a comenzar y fue todo un éxito. Se llamaba Henry Ford.

- En sus comienzos fue despedido de un periódico porque ¨le faltaba imaginación y no tenia buenas ideas¨. Después de eso, comenzó una serie de empresas y terminó con la quiebra y el fracaso. Volvió a comenzar y fue todo un éxito. Se llamaba Walt Disney.

- Un japonés llamado Akio Morita creó una olla para hacer arroz con la que quería ser millonario, peor fracasó rotundamente. Volvió a comenzar y creó la compañía SONY.

- Muchas veces rechazado por el equipo de básquet de su escuela, el nunca se dio por vencido y una vez dijo: “He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera, pedí 300 juegos, en 26 ocasiones me han confiado el tiro ganador y he fallado. Y es por todo eso que ahora tengo éxito, siempre volví a empezar”. Claro, era Michael Jordan

- Le rechazaron 1009 veces su receta. Le dijeron que jamás iba a resultar, que los americanos no comerían ese tipo de pollo frito. El Coronel Sanders no se dio por vencido y hoy KFC es una cadena millonaria.

- No habló hasta que tenía cuatro años y no aprendió a leer hasta los siete años, sus maestros y sus padres pensaron que era deficiente mental, lento y antisocial. Finalmente, fue expulsado de la escuela y no fue admitido en la Escuela Politécnica de Zurich por retrasado. Pero no bajó los brazos, era Albert Einstein

- En sus primeros años, los maestros, dijeron que era "demasiado estúpido para aprender cualquier cosa." El trabajo no era mejor, ya que fue despedido de sus primeros dos puestos de trabajo para no ser lo suficientemente productivo. Se llamaba Thomas Edison.

- En su primera película, los ejecutivos de la industria del cine le dijeron que simplemente no tenía lo que se necesitaba para ser una estrella. Menos mal que no se rindió Harrison Ford.

- Fue rechazado de la Universidad de California del Sur de Teatro, Cine y Televisión en tres ocasiones. Treinta y cinco años después de comenzar su título, volvió a la escuela en 2002 para completar finalmente sus estudios y obtener su licenciatura. El fallido alumno se llamaba Steven Spielberg.

- Jimmy Denny, gerente del estudio de grabación mas grande, despidió al novato cantante después de audicionarlo y le dijo: “Muchacho, naciste para manejar un camión, jamás podrás cantar”. Acababa de rechazar a Elvis Presley.

 - Otra compañía de discos, de las mas importantes, escuchó al grupo y dijo: “No nos gusta su sonido, y la música de la guitarra jamás va a gustarle al público " Ese día le cerró la puerta a Los Beatles.

- Un muchacho presentó un plan de negocios a su profesor de la secundaria y este le dijo: “Está pasable, pero es ciencia ficción, esto jamás resultaría, es humanamente imposible llevarlo a cabo” y le puso una "F". El muchacho Fred Smith, no se dio por vencido, llevó el negocio a cabo y creó Fedex, un negocio de 6 billones anuales.


- “Dios nunca te va a usar! No sabes hablar, no tienes carisma y no pasaste por el seminario!” le dijo un pastor a un adolescente de 17 años. Y todos los pastores le dijeron que iba a fracasar. "No eres Pastor, solo un payaso", le dijeron mas de una vez, cuando el muchacho ya era un hombre de casi 30. "No tienes teología, eres una moda, en un año nadie sabrá de ti" le dijo la Comisión Pastoral mas importante. Dante Gebel, años más tarde demuestra que Dios puede usarte, aunque la corriente diga lo contrario.

Sólo es correr un riesgo, una alternativa, cuando lo peor es que te digan no allí puedes inspirate y lograr lo que Dios tiene para ti.

Tomado de facebook.com/dantegebel
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martes, 7 de mayo de 2013

Published mayo 07, 2013 by with 2 comments

Aliento del Cielo: Un Favor, Una Gran Recompensa



Hay una historia que deja un excelente mensaje sobre la influencia que se tiene al hacer "pequeñas cosas" que contribuyan a mejorar la vida de alguien. Es probable que no se reciban las recompensas de las acciones, pero ese detalle puede influir en mejorar la vida de los demàs. Lectura recomendada.
En Escocia habìa un pobre agricultor de apellido Fleming. Un dìa, mientras trabajaba para conseguir el sustento de su familia, oyò un grito que provenìa de un pantano que habìa allì cerca. Arrojò sus herramientas de labranza y corriò hasta el pantano. Hundido hasta casi los hombros, habìa un muchacho que trataba de salir de aquel lodo oscuro y pegajoso. El agricultor salvò al muchachito de lo que podìa haber sido una lenta y terrible muerte.
Al dìa siguiente, un fino y rico carruaje estacionò frente a la cabaña del pobre escocès. Un noble, elegamentemente vestido, descendiò y se presentò como el padre del chico salvado de la muerte por el campesino Fleming.
-Quiero recompensarlo - dijo el noble - Usted salvò la vida de mi hijo.
-No puedo aceptar ningùn pago por lo que hice - respondiò el campesino escocès, moviendo las manos en señal de protesta.
En ese momento, apareciò  el hjo del agricultor en la puerta de la cabaña.
-¿Este es su hijo? - preguntò el noble.
-Si - respondiò orgullosamente.
-me gustarìa hacer un negocio con usted. Déjeme  llevarlo para darle una buena educaciòn. Si el hijo se parece a su padre, seguro llegará a ser un hombre del cual podrá enorgullecerse.
El campesino se lo permitiò. Luego de algunos años, el joven se garduò  en la escuela de Medicina del Hospital Saint Mary, de Londres. Llegò a ser conocido alrededor del mundo como el famoso Dr. Alexander Fleming, quién descubrió la penicilina.
Algún tiempo más tarde, el hijo de aquel noble, el mismo que fuera salvador por el padre de Alexander, contrajò neumonía. ¿Qué fue lo que salvó? La penicilina ¿El nombre de aquel noble? Lord Randolph Churchill. ¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill, quién llegó a ser primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial.
¿El mensaje?. Posiblemente el muchacho que hoy vemos correr en la calle de nuestra colonia, con nuestra ayuda logre hacer algo fantástico. Probablemente se logre hacer algo pequeño que ayude a otro, pero eso pude cambiar la vida de a de una persona. Nunca olvidemos la bondad es un valor que paga a quien menos esperamos.
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martes, 19 de febrero de 2013

Published febrero 19, 2013 by with 0 comment

Tomado de Internet: Compromisos Temporales.

Todo fue maravilloso para Érica Rieder, de Berna, Suiza, desde que comenzó su noviazgo con Helmuth Gloger. Fueron maravillosos los regalos que recibió de su novio, maravillosos los paseos a los lagos y las veladas familiares a la antigua usanza. Fue maravilloso el compromiso y maravillosa la ceremonia de bodas.
Fue maravillosa también, según sus propias palabras, la luna de miel de quince días en un barco por el mar Báltico. Pero cuando regresó a la casa y empezó la vida matrimonial, ésta dejó de ser maravillosa para ella. Y al no poder soportar la idea de ser ama de casa toda su vida, Érica se suicidó.
Este es un caso extraño, aunque no del todo. Érica representa a las jóvenes modernas. Les gustan las fiestas, los bailes y los noviazgos. Les encantan los regalos, los galanteos, las flores y los perfumes. Sueñan con el compromiso, fijar la fecha de la boda y mostrar el anillo a sus amigas envidiosas.
Las emocionan los preparativos para la boda, las invitaciones de casamiento, el contrato de la comida y el pastel de bodas. Les parece maravilloso el traje de novia, la ceremonia hecha por el clérigo y la luna de miel. Todo es maravilloso ...
Pero el matrimonio no. La larga vida que empieza después de la luna de miel, y que incluye lavar, planchar, cocinar, limpiar, dar a luz hijos, cuidar del marido y los niños, y hacer vida de esposa y madre, eso ya no es maravilloso. A esa conclusión llegó Érica, que al final de una maravillosa luna de miel, como pocas muchachas pueden darse el lujo de tener, se bebió una dosis de somnífero para despertar en la eternidadP.
Sólo mediante la fe en Jesucristo y la obediencia a sus eternas leyes morales se puede adquirir un sentido cabal y completo de lo que es la vida humana, una vida con sus placeres y sus deberes, sus privilegios y sus responsabilidades, sus libertades y sus restricciones. Sólo cuando Cristo es el Señor y el Maestro de la vida de ambos, puede una pareja ser feliz eternamente. 


tomado de conciencia.net
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lunes, 21 de enero de 2013

Published enero 21, 2013 by with 0 comment

Reflexión de Max Lukado: su Vida es su Vida

“Yo he venido para que tengan vida” (Juan 10:10).
El corazón de Jesús fue puro. Miles adoraban al Salvador, sin embargo estaba contento con una vida sencilla. Había muje­res que lo atendían (Lc.8:1-3), sin embargo jamás se le acu­só de pensamientos lujuriosos; su propia creación lo despreció, pero voluntariamente los perdonó incluso antes de que pidie­ran misericordia.
Pedro, quien acompañó a Jesús por tres años y medio, le describe como «un cordero sin mancha y sin defec­to» (1º P.1:19). Después de pasar el mismo tiempo con Jesús, Juan concluyó: «Y él no tiene pecado» (1º Jn.3:5).
El corazón de Jesús fue pacífico. Los discípulos se preocu­paron por la necesidad de alimentar a miles, pero Jesús no. Agradeció a Dios por el problema. Los discípulos gritaron por miedo a la tempestad, pero Jesús no. Él dormía. Jesús levantó su mano para sanar. Su corazón tenía paz. Cuando sus discí­pulos lo abandonaron, ¿se enfadó y se fue a su casa? Cuando Pedro lo negó, ¿perdió Jesús los estribos? Cuando los soldados le escupieron en la cara, ¿les vomitó fuego encima? Ni pensar­lo. Tenía paz. Los perdonó. Rehusó dejarse llevar por la ven­ganza.
También rehusó dejarse llevar por nada que no fuera su alto llamamiento. Su corazón estaba lleno de propósitos. La mayoría de las vidas no se proyectan hacia algo en particular, y nada logran. Jesús se proyectó hacia una sola meta: salvar a la humanidad de sus pecados. Pudo resumir su vida con una fra­se: «Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lc.19:10).
El mismo que salvó su alma anhela rehacer su corazón. Dios está dispuesto a cambiarnos a semejanza del Salvador. ¿Acep­taremos su oferta?
Extracto del libro “3:16”
Por Max Lucado
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viernes, 21 de diciembre de 2012

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Un Regalo de Navidad

Un hombre recibió de parte de su hermano un automóvil como regalo de Navidad. Cuando salió de su oficina esa Nochebuena, vio que un niño desamparado estaba caminando alrededor del brillante auto nuevo y que lo contemplaba con admiración.
—¿Este es su auto, señor? —preguntó el niño.
El hombre afirmó con la cabeza.
—Mi hermano me lo dio como regalo de Navidad.
El niño se quedó asombrado.
—¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? A mí sí que me gustaría... —titubeó el niño.
El hombre se imaginó lo que iba a decir el niño: que le gustaría tener un hermano así. Pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció al hombre de pies a cabeza:
—Me gustaría poder ser un hermano así.
El hombre miró al muchacho con asombro, y se le ocurrió preguntarle:
—¿Te gustaría dar una vuelta en el auto?
—¡Claro que sí! ¡Me encantaría!
Después de un corto paseo, el niño se volvió y, con los ojos chispeantes, le dijo al hombre:
—Señor, ¿sería mucho pedirle que pasáramos frente a mi casa?
El hombre sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Seguramente deseaba mostrarles a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil. Pero, de nuevo, el hombre estaba equivocado.
—¿Se puede detener donde están esos dos escalones?
El niño subió corriendo, y al rato el hombre oyó que regresaba, pero no tan rápido como había salido. Era que traía a su hermanito lisiado. Tan pronto como lo acomodó en el primer escalón, le señaló el automóvil.
—¿Lo ves? Allí está, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo dio como regalo de Navidad, y a él no le costó ni un centavo. Algún día yo te voy a regalar uno igualito... Entonces podrás ver tú mismo todas las cosas bonitas que hay en los escaparates de Navidad, de las que he estado tratando de contarte.
El hombre se bajó del auto y subió al hermanito enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, subió detrás de él, y los tres comenzaron a dar un paseo navideño inolvidable.
Esa Nochebuena, aquel hombre comprendió el verdadero significado de las palabras del apóstol Pablo, que a su vez recordaba las palabras de nuestro Señor Jesucristo: «Ahora los encomiendo a Dios y al mensaje de su gracia, mensaje que tiene poder para edificarlos y darles herencia entre todos los santificados. No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros. Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»
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El Mensaje de la Sangre

Era un nombre de varón, breve y sonoro. Un nombre que, con sólo pronunciarlo, evoca imágenes de los cuentos árabes de Las mil y una noches. Un nombre que hace pensar en la Mezquita de Omar, y en aquel Califa del mismo nombre que quemó la Biblioteca de Alejandría por contener libros contrarios a la fe musulmana. El nombre era «Omar».
Sin embargo, en este caso el nombre «Omar» estaba escrito con sangre humana en la pared de una costosa residencia de Mougin en la Costa Azul. Lo había escrito la millonaria Ghislaine Marchal, herida de muerte por su jardinero Omar Raddad. Ese solo nombre, escrito con sangre, fue prueba suficiente para arrestar y condenar al jardinero. Los diarios franceses que dieron cuenta del suceso lo llamaron «El mensaje de la sangre». Y en verdad, fue todo un mensaje, y toda una acusación, escrito con la sangre de una víctima inocente.
Si hay un elemento en el cuerpo humano que por sí solo posee elocuencia, es la sangre. La literatura universal menciona infinidad de veces la sangre: «sangre ardiente», «sangre heroica», «sangre inocente». Incluso, de un buen caballo de carreras se dice que es «de pura sangre».
La Biblia trata sobre dos sangres que tienen un mensaje extraordinario para la humanidad. Son ellas la sangre de Abel y la sangre de Cristo. Ninguna otra sangre tiene tanta elocuencia y tanto significado.
La sangre de Abel —dice la Biblia—, la primera víctima del odio religioso, «reclama justicia» (Génesis 4:10). En cambio, la sangre de Cristo «limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7). La sangre de Abel, el justo, pide venganza; la sangre de Cristo, el Salvador, pide perdón para toda la humanidad.
Si no comprendemos el propósito del sacrificio de Cristo, tampoco podremos entender la razón por la que vinimos a este mundo. Todos hemos venido a este mundo para vivir, es decir, para cumplir en vida el propósito de haber nacido. Con Cristo fue todo lo contrario. Él cumplió el propósito de su venida con su muerte. De sí mismo Él dijo: «El Hijo del Hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28).
La muerte de Cristo, el derramamiento de su preciosa sangre, fue el único propósito de su encarnación. Él vino para morir en expiación por nuestros pecados. Somos eternamente salvos mediante su muerte. Nuestra salvación descansa en la muerte de Cristo. Aceptemos ese favor divino. Él murió por nosotros
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Una Simple Ley de Física

Era la fiesta de los Enamorados en Londres. Se celebraba un alegre baile juvenil en un edificio de dos pisos. La noticia de la fiesta se difundió. Los jóvenes fueron llegando en parejas, en grupos de cuatro, de seis, de ocho, de diez. Cuando ya había más de doscientos jóvenes bailando rock, el piso cedió.
Se debió a una simple ley física. Un piso hecho para soportar a cincuenta personas no puede soportar a doscientas. El piso se rompió y los jóvenes cayeron en medio de una espantosa confusión. Dos muertos y sesenta heridos fue el saldo del trágico final de la fiesta.
Hay leyes físicas que no se pueden violar sin pagar las consecuencias. Si se ponen los dedos en el metal caliente, se sentirá la quemadura. Si se toca un cable eléctrico, se sentirá la descarga. Si se deslizan los dedos por el filo del cuchillo, correrá la sangre.
El universo tiene infinidad de leyes físicas que son así porque así las formuló el Creador. No se pueden violar sin sufrir algún percance. Y también el universo, y especialmente la humanidad, poseen una gran cantidad de leyes morales, igualmente firmes, igualmente valiosas, que tampoco se pueden violar con impunidad.
Consideremos el caso de Londres. El piso del edificio no cedió debido a que los jóvenes bailaban música rock, ni porque bebían cerveza, ni porque algunos fumaban marihuana ni porque algunas jóvenes parejas se entregaban a excesivas muestras de cariño. Cedió porque se le puso encima demasiado peso, y nada más; es decir, por una simple ley física.
Así mismo, si sobre una esposa sufrida o un esposo demasiado ingenuo, el otro cónyuge empieza a poner demasiado peso de infidelidad, tarde que temprano habrá un quiebre, una ruptura, un desastre. Es una simple ley moral.
Muchas esposas ceden por el peso de demasiadas burlas del marido, y se rompen como estante de vidrio que deja caer estrepitosamente la excesiva carga de copas que se le ha puesto encima. Y quedan igualmente hechas añicos.
No se puede cargar un puente con demasiada carga ni poner demasiado peso en la bodega de un barco o de un avión. Todo tiene un límite. Pasado ese límite, hay peligro de muerte.
Tampoco se puede cargar el corazón de un ser humano con demasiada pena. Y menos cuando ese corazón es el de la esposa o del esposo. Pidámosle hoy a Cristo sabiduría, comprensión y poder. Él nos ayudará
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lunes, 3 de diciembre de 2012

Published diciembre 03, 2012 by with 0 comment

LA PEOR HUELGA DE TODAS

LA PEOR HUELGA DE TODAS

por el Hermano Pablo
El primer día fue cuestión de chistes. La ciudad entera se rió del suceso. El segundo día siguieron los chistes, aunque menguaron. El tercer día y el cuarto el asunto comenzó a tomar otro cariz. Al sexto día los chistes dieron lugar al miedo. Y ya para el octavo día la situación era insoportable.
La ciudad de Bilbao, España, sufría una huelga de basureros. Los recolectores de desperdicios no daban su brazo a torcer, y miles de toneladas de basura comenzaban a heder y a difundir gérmenes letales. Parecía que la ciudad se ahogaría antes que surgiera alguna solución. Pero al fin las diferencias se resolvieron y Bilbao quedó limpia y sana otra vez.
Si hay una huelga que en verdad afecta una ciudad, es la huelga de recolectores de basura. Una huelga de choferes de autobuses paraliza por un tiempo la ciudad, pero no la asfixia. Si los obreros de una empresa de periódicos hacen huelga, no hay noticias, pero nadie se ahoga. En cambio, si los encargados de recoger los desperdicios se declaran en huelga, el resultado es desastroso. Recoger y quemar diariamente la basura es una labor imprescindible.
Así mismo sucede con nuestra alma. Si está llena de basura, tarde o temprano nos destruirá. Lo peor del caso es que nuestra alma puede acostumbrarse a la inmundicia a tal grado que ni cuenta se da del mal que en ella hay.
No nos damos cuenta, por ejemplo, del mal destructivo que produce la mentira. Hay personas que mienten con tanta facilidad que lo hacen aun cuando les es más provechoso decir la verdad. Por algo dice la Biblia que los mentirosos no entrarán en el reino de los cielos.
¿Y qué del adulterio? Manchar el matrimonio con el adulterio se ha hecho tan común que hay quien se extraña que eso se considere inmundicia. Pero por algo dice Dios que el adúltero tampoco entrará en el reino de los cielos.
Son muchas las inmundicias que fácilmente dejamos entrar en nuestra vida. La lista es larga, y las manchas, negras. ¿Qué del desfalco? ¿Qué del odio? ¿Qué de la ofensa? ¿Qué de la avaricia? Todo eso es basura que ahoga nuestro bienestar.
Ya es hora de que quememos esa basura. De otro modo nuestra vida entera tendrá un hedor tan fuerte que sólo otro sucio la podrá aguantar. La Biblia dice que la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Sólo tenemos que aceptar su sacrificio y someternos a su señorío para ser limpios. Saquemos, pues, la basura de nuestra vida, y dejemos que entre y ocupe su lugar nuestro inmaculado Salvador.
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Published diciembre 03, 2012 by with 0 comment

Por la Patada de Un Burro


POR LA PATADA DE UN BURRO

por el Hermano Pablo

«¡Vete a cuidar los burros! —dijo la mujer, enojada—. ¡Es lo único que sabes hacer bien!» El hombre, paciente y calmado, no como un burro sino como una oveja, se encaminó al corral. «Es cierto —pensó—, lo único que hago bien es cuidar los burros.»
Estando entre los asnos, Guido Manzi, granjero de Faroli, al sur de Roma, recibió en la cabeza la patada de uno de los burros. Su esposa, Rosa, lo encontró inconsciente y lo llevó al hospital. Después de tres días en coma, recuperó el conocimiento.
Pero tras la patada, se le desarrolló la inteligencia. Dos años después del suceso, Guido Manzi había llegado a ser un consumado mecánico, habiendo diseñado varios aparatos mecánicos y dos modelos de motor de automóvil.
Este caso es asombroso. Los médicos no podían explicárselo. Parece que la patada del animal produjo un desplazamiento masivo del cerebro de Guido, y de alguna manera extraña se le despertaron cualidades dormidas, y el hombre se convirtió en un próspero y cotizado diseñador de motores y máquinas.
A veces hace falta en la vida un fuerte golpe para despertar, si no la inteligencia, la conciencia. Hay hombres que reaccionan y salen de una vida delictuosa después de caer en la cárcel. Hay matrimonios que se dan cuenta de que se aman y se necesitan después de divorciarse. Y hay padres que reconocen cuánto necesitan a sus hijos después de que uno de ellos sufre un accidente mortal. Cuando no se aprende de otra manera, hay que aprender a golpes. Así parece ser la ruda escuela de la vida.
En una de nuestras capitales, un hombre llegó a comer desperdicios en una zanja llena de barro antes de reaccionar. Pero llegó, con el tiempo, a ser capataz de un gran depósito de comestibles.
Parece que Dios tiene una benevolencia especial para los que llegan al fondo del abismo y no les queda ninguna esperanza. De ellos Jesucristo dijo: «El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).
Pero no es necesario recibir la coz de un burro, ni llegar a comer desperdicios para encontrar la salvación. Ahora mismo, con buena salud y condiciones favorables, podemos tomar la gran decisión de la vida: aceptar a Cristo como Señor, Salvador y Maestro. Él puede y quiere cambiar por completo el rumbo de nuestra vida-

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