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miércoles, 12 de junio de 2013

Published junio 12, 2013 by with 0 comment

Aliento del Cielo: Cambio de Dirección



"No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta." Romanos 12:2

La única forma de comprobar el propósito de Dios para nuestras vidas es cambiando de dirección. Por lo cual la pregunta que se debe responder es ¿hacia dónde voy?, ¿qué tan tolerante soy con el pecado?, ¿qué pensamientos dominan mi mente y mi corazón? Es probable que si piensas igual que la gran mayoría de personas, te encuentran por el camino incorrecto para conocer la voluntad, el propósito o el deseo de Dios para tu vida.

La transformación no es un proceso interno individual, es una actividad espiritual vertical (de Dios para el hombre), que impacta en el interior del ser humano y cambia el exterior. "Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu." Juan 3:6.

¿Cómo puedo renovar mi mente?
-Observa tus pensamientos. "Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él." Proverbios 23:7
Establece un control de lo que entra y sale de tu mente, para que analices la balanza de los pensamientos.

- No traspases los límites. "No traspases los linderos antiguos que pusieron tus padres." Proverbios 22:28.
No hay que dejarse llevar por las palabras "ahora todos lo hacen", "si nadie dice nada", "eso era antes". Los valores y la Palabra de Dios son atemporales e impactan el pasado, el presente y el futuro.

- No dejes entrar cosas malas a tu mente: "Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos." Apocalipsis 2:20
Reduce las actividades que no te dejan crecer espiritualmente, porque en un momento determinado te absorbe y al final, se encuentra dentro de él sin darse cuenta.

-Dejarse guiar por el Señor: "Jehová es mi Pastor...me guiará por sendas de justicia..." Salmos 23:1-3. Aquí se refleja la dependencia de Dios, muchas voces se cruzarán en el camino: tu propia voz, la voz de los demás, la voz del enemigo y la voz de Dios y el único quien decide escuchar eres .

Al realizar estas actividades, se debe reflejar la diferencia, en internet circula una frase: 
 “Siembra un pensamiento, cosecha una acción. 
Siembra una acción, cosecha un hábito. 
Siembra un hábito, cosecha un carácter. 
Siembra un carácter, cosecha un destino.”

La cual es cierta, inicia el proceso de renovación este día, HOY es el momento de abrir las Sagradas Escrituras y que nos sirva como espejo para determinar hacia dónde vamos y de tal manera que la Voluntad de Dios se cumpla para nuestras vidas.
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lunes, 21 de enero de 2013

Published enero 21, 2013 by with 0 comment

Reflexión de Max Lukado: su Vida es su Vida

“Yo he venido para que tengan vida” (Juan 10:10).
El corazón de Jesús fue puro. Miles adoraban al Salvador, sin embargo estaba contento con una vida sencilla. Había muje­res que lo atendían (Lc.8:1-3), sin embargo jamás se le acu­só de pensamientos lujuriosos; su propia creación lo despreció, pero voluntariamente los perdonó incluso antes de que pidie­ran misericordia.
Pedro, quien acompañó a Jesús por tres años y medio, le describe como «un cordero sin mancha y sin defec­to» (1º P.1:19). Después de pasar el mismo tiempo con Jesús, Juan concluyó: «Y él no tiene pecado» (1º Jn.3:5).
El corazón de Jesús fue pacífico. Los discípulos se preocu­paron por la necesidad de alimentar a miles, pero Jesús no. Agradeció a Dios por el problema. Los discípulos gritaron por miedo a la tempestad, pero Jesús no. Él dormía. Jesús levantó su mano para sanar. Su corazón tenía paz. Cuando sus discí­pulos lo abandonaron, ¿se enfadó y se fue a su casa? Cuando Pedro lo negó, ¿perdió Jesús los estribos? Cuando los soldados le escupieron en la cara, ¿les vomitó fuego encima? Ni pensar­lo. Tenía paz. Los perdonó. Rehusó dejarse llevar por la ven­ganza.
También rehusó dejarse llevar por nada que no fuera su alto llamamiento. Su corazón estaba lleno de propósitos. La mayoría de las vidas no se proyectan hacia algo en particular, y nada logran. Jesús se proyectó hacia una sola meta: salvar a la humanidad de sus pecados. Pudo resumir su vida con una fra­se: «Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lc.19:10).
El mismo que salvó su alma anhela rehacer su corazón. Dios está dispuesto a cambiarnos a semejanza del Salvador. ¿Acep­taremos su oferta?
Extracto del libro “3:16”
Por Max Lucado
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viernes, 21 de diciembre de 2012

Published diciembre 21, 2012 by with 0 comment

Un Regalo de Navidad

Un hombre recibió de parte de su hermano un automóvil como regalo de Navidad. Cuando salió de su oficina esa Nochebuena, vio que un niño desamparado estaba caminando alrededor del brillante auto nuevo y que lo contemplaba con admiración.
—¿Este es su auto, señor? —preguntó el niño.
El hombre afirmó con la cabeza.
—Mi hermano me lo dio como regalo de Navidad.
El niño se quedó asombrado.
—¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? A mí sí que me gustaría... —titubeó el niño.
El hombre se imaginó lo que iba a decir el niño: que le gustaría tener un hermano así. Pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció al hombre de pies a cabeza:
—Me gustaría poder ser un hermano así.
El hombre miró al muchacho con asombro, y se le ocurrió preguntarle:
—¿Te gustaría dar una vuelta en el auto?
—¡Claro que sí! ¡Me encantaría!
Después de un corto paseo, el niño se volvió y, con los ojos chispeantes, le dijo al hombre:
—Señor, ¿sería mucho pedirle que pasáramos frente a mi casa?
El hombre sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Seguramente deseaba mostrarles a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil. Pero, de nuevo, el hombre estaba equivocado.
—¿Se puede detener donde están esos dos escalones?
El niño subió corriendo, y al rato el hombre oyó que regresaba, pero no tan rápido como había salido. Era que traía a su hermanito lisiado. Tan pronto como lo acomodó en el primer escalón, le señaló el automóvil.
—¿Lo ves? Allí está, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo dio como regalo de Navidad, y a él no le costó ni un centavo. Algún día yo te voy a regalar uno igualito... Entonces podrás ver tú mismo todas las cosas bonitas que hay en los escaparates de Navidad, de las que he estado tratando de contarte.
El hombre se bajó del auto y subió al hermanito enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, subió detrás de él, y los tres comenzaron a dar un paseo navideño inolvidable.
Esa Nochebuena, aquel hombre comprendió el verdadero significado de las palabras del apóstol Pablo, que a su vez recordaba las palabras de nuestro Señor Jesucristo: «Ahora los encomiendo a Dios y al mensaje de su gracia, mensaje que tiene poder para edificarlos y darles herencia entre todos los santificados. No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros. Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»
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Published diciembre 21, 2012 by with 0 comment

El Mensaje de la Sangre

Era un nombre de varón, breve y sonoro. Un nombre que, con sólo pronunciarlo, evoca imágenes de los cuentos árabes de Las mil y una noches. Un nombre que hace pensar en la Mezquita de Omar, y en aquel Califa del mismo nombre que quemó la Biblioteca de Alejandría por contener libros contrarios a la fe musulmana. El nombre era «Omar».
Sin embargo, en este caso el nombre «Omar» estaba escrito con sangre humana en la pared de una costosa residencia de Mougin en la Costa Azul. Lo había escrito la millonaria Ghislaine Marchal, herida de muerte por su jardinero Omar Raddad. Ese solo nombre, escrito con sangre, fue prueba suficiente para arrestar y condenar al jardinero. Los diarios franceses que dieron cuenta del suceso lo llamaron «El mensaje de la sangre». Y en verdad, fue todo un mensaje, y toda una acusación, escrito con la sangre de una víctima inocente.
Si hay un elemento en el cuerpo humano que por sí solo posee elocuencia, es la sangre. La literatura universal menciona infinidad de veces la sangre: «sangre ardiente», «sangre heroica», «sangre inocente». Incluso, de un buen caballo de carreras se dice que es «de pura sangre».
La Biblia trata sobre dos sangres que tienen un mensaje extraordinario para la humanidad. Son ellas la sangre de Abel y la sangre de Cristo. Ninguna otra sangre tiene tanta elocuencia y tanto significado.
La sangre de Abel —dice la Biblia—, la primera víctima del odio religioso, «reclama justicia» (Génesis 4:10). En cambio, la sangre de Cristo «limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7). La sangre de Abel, el justo, pide venganza; la sangre de Cristo, el Salvador, pide perdón para toda la humanidad.
Si no comprendemos el propósito del sacrificio de Cristo, tampoco podremos entender la razón por la que vinimos a este mundo. Todos hemos venido a este mundo para vivir, es decir, para cumplir en vida el propósito de haber nacido. Con Cristo fue todo lo contrario. Él cumplió el propósito de su venida con su muerte. De sí mismo Él dijo: «El Hijo del Hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28).
La muerte de Cristo, el derramamiento de su preciosa sangre, fue el único propósito de su encarnación. Él vino para morir en expiación por nuestros pecados. Somos eternamente salvos mediante su muerte. Nuestra salvación descansa en la muerte de Cristo. Aceptemos ese favor divino. Él murió por nosotros
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lunes, 3 de diciembre de 2012

Published diciembre 03, 2012 by with 0 comment

Por la Patada de Un Burro


POR LA PATADA DE UN BURRO

por el Hermano Pablo

«¡Vete a cuidar los burros! —dijo la mujer, enojada—. ¡Es lo único que sabes hacer bien!» El hombre, paciente y calmado, no como un burro sino como una oveja, se encaminó al corral. «Es cierto —pensó—, lo único que hago bien es cuidar los burros.»
Estando entre los asnos, Guido Manzi, granjero de Faroli, al sur de Roma, recibió en la cabeza la patada de uno de los burros. Su esposa, Rosa, lo encontró inconsciente y lo llevó al hospital. Después de tres días en coma, recuperó el conocimiento.
Pero tras la patada, se le desarrolló la inteligencia. Dos años después del suceso, Guido Manzi había llegado a ser un consumado mecánico, habiendo diseñado varios aparatos mecánicos y dos modelos de motor de automóvil.
Este caso es asombroso. Los médicos no podían explicárselo. Parece que la patada del animal produjo un desplazamiento masivo del cerebro de Guido, y de alguna manera extraña se le despertaron cualidades dormidas, y el hombre se convirtió en un próspero y cotizado diseñador de motores y máquinas.
A veces hace falta en la vida un fuerte golpe para despertar, si no la inteligencia, la conciencia. Hay hombres que reaccionan y salen de una vida delictuosa después de caer en la cárcel. Hay matrimonios que se dan cuenta de que se aman y se necesitan después de divorciarse. Y hay padres que reconocen cuánto necesitan a sus hijos después de que uno de ellos sufre un accidente mortal. Cuando no se aprende de otra manera, hay que aprender a golpes. Así parece ser la ruda escuela de la vida.
En una de nuestras capitales, un hombre llegó a comer desperdicios en una zanja llena de barro antes de reaccionar. Pero llegó, con el tiempo, a ser capataz de un gran depósito de comestibles.
Parece que Dios tiene una benevolencia especial para los que llegan al fondo del abismo y no les queda ninguna esperanza. De ellos Jesucristo dijo: «El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).
Pero no es necesario recibir la coz de un burro, ni llegar a comer desperdicios para encontrar la salvación. Ahora mismo, con buena salud y condiciones favorables, podemos tomar la gran decisión de la vida: aceptar a Cristo como Señor, Salvador y Maestro. Él puede y quiere cambiar por completo el rumbo de nuestra vida-

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