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jueves, 3 de octubre de 2013

Published octubre 03, 2013 by with 0 comment

Tomado de Internet: Jesús es Cercano. ¡Nuevo!

¡Hija, tu fe te ha sanado! … Vete en paz y queda sana de tu aflicción (Marcos 5:34).
¿Puede verla? ¿Ve su mano? Retorcida. Delgada. Enferma. Uñas ennegrecidas por la suciedad y piel manchada. Mira cuidadosamente entre las rodillas y los pies de la multitud. Las personas corren detrás de Jesús. Él camina. Ella se arrastra. La gente la golpea, pero ella no se detiene. Otros se le quejan. A ella no le importa. Está desesperada. La sangre no se mantiene en su cuerpo. «Había entre la gente una mujer que hacía doce años padecía de hemorragias» (Mr.5:25).
Por consiguiente, la mujer no tiene nada. Sin dinero. Sin hogar. Sin salud. Sueños arruinados. Fe por los suelos. Des­preciada en la sinagoga. Marginada en su comunidad. Había sufrido durante doce años. Está desesperada. Y su desespera­ción da a luz una idea.
«Oyó hablar de Jesús» (v.27). Toda sociedad tiene un paja­rito me lo contó, incluso, o especialmente, la de los enfer­mos. Corrió la voz entre leprosos y abandonados: Jesús puede sanar. Y Jesús viene. Por invitación del principal de la sinago­ga, viene a Capernaúm.
Cuando la multitud se acerca, la mujer piensa: «Si logro tocar siquiera su ropa, quedaré sana» (v.28). En el momento adecuado corretea como cangrejo en medio de la turba. Las rodillas le golpean las costillas. Alguien grita: «¡Fuera del cami­no!» Ella no hace caso ni se detiene.
Toca el manto de Jesús y «Al instante cesó su hemorragia, y se dio cuenta de que su cuerpo había quedado libre de esa aflicción» (v.29). La vida entra rauda. Las pálidas mejillas se tornan rosadas. La respiración superficial se vuelve profunda.
La enfermedad se llevó la fortaleza de la mujer. ¿Qué le quita la fortaleza a usted? ¿Pérdidas en los negocios? ¿Demasia­da bebida? ¿Noches enteras en otros brazos? ¿Tediosos días en un trabajo que no nos gusta? ¿Un embarazo demasiado pron­to? ¿Muy a menudo? ¿Es esa mano la suya? De ser así, anímese. Cristo quiere tocarla. Cuando usted extiende la mano en medio de las multitudes, Él lo sabe.
Suya es la mano que a Él le gusta tomar.

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lunes, 21 de enero de 2013

Published enero 21, 2013 by with 0 comment

Reflexión de Max Lukado: su Vida es su Vida

“Yo he venido para que tengan vida” (Juan 10:10).
El corazón de Jesús fue puro. Miles adoraban al Salvador, sin embargo estaba contento con una vida sencilla. Había muje­res que lo atendían (Lc.8:1-3), sin embargo jamás se le acu­só de pensamientos lujuriosos; su propia creación lo despreció, pero voluntariamente los perdonó incluso antes de que pidie­ran misericordia.
Pedro, quien acompañó a Jesús por tres años y medio, le describe como «un cordero sin mancha y sin defec­to» (1º P.1:19). Después de pasar el mismo tiempo con Jesús, Juan concluyó: «Y él no tiene pecado» (1º Jn.3:5).
El corazón de Jesús fue pacífico. Los discípulos se preocu­paron por la necesidad de alimentar a miles, pero Jesús no. Agradeció a Dios por el problema. Los discípulos gritaron por miedo a la tempestad, pero Jesús no. Él dormía. Jesús levantó su mano para sanar. Su corazón tenía paz. Cuando sus discí­pulos lo abandonaron, ¿se enfadó y se fue a su casa? Cuando Pedro lo negó, ¿perdió Jesús los estribos? Cuando los soldados le escupieron en la cara, ¿les vomitó fuego encima? Ni pensar­lo. Tenía paz. Los perdonó. Rehusó dejarse llevar por la ven­ganza.
También rehusó dejarse llevar por nada que no fuera su alto llamamiento. Su corazón estaba lleno de propósitos. La mayoría de las vidas no se proyectan hacia algo en particular, y nada logran. Jesús se proyectó hacia una sola meta: salvar a la humanidad de sus pecados. Pudo resumir su vida con una fra­se: «Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lc.19:10).
El mismo que salvó su alma anhela rehacer su corazón. Dios está dispuesto a cambiarnos a semejanza del Salvador. ¿Acep­taremos su oferta?
Extracto del libro “3:16”
Por Max Lucado
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viernes, 21 de diciembre de 2012

Published diciembre 21, 2012 by with 0 comment

Un Regalo de Navidad

Un hombre recibió de parte de su hermano un automóvil como regalo de Navidad. Cuando salió de su oficina esa Nochebuena, vio que un niño desamparado estaba caminando alrededor del brillante auto nuevo y que lo contemplaba con admiración.
—¿Este es su auto, señor? —preguntó el niño.
El hombre afirmó con la cabeza.
—Mi hermano me lo dio como regalo de Navidad.
El niño se quedó asombrado.
—¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? A mí sí que me gustaría... —titubeó el niño.
El hombre se imaginó lo que iba a decir el niño: que le gustaría tener un hermano así. Pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció al hombre de pies a cabeza:
—Me gustaría poder ser un hermano así.
El hombre miró al muchacho con asombro, y se le ocurrió preguntarle:
—¿Te gustaría dar una vuelta en el auto?
—¡Claro que sí! ¡Me encantaría!
Después de un corto paseo, el niño se volvió y, con los ojos chispeantes, le dijo al hombre:
—Señor, ¿sería mucho pedirle que pasáramos frente a mi casa?
El hombre sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Seguramente deseaba mostrarles a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil. Pero, de nuevo, el hombre estaba equivocado.
—¿Se puede detener donde están esos dos escalones?
El niño subió corriendo, y al rato el hombre oyó que regresaba, pero no tan rápido como había salido. Era que traía a su hermanito lisiado. Tan pronto como lo acomodó en el primer escalón, le señaló el automóvil.
—¿Lo ves? Allí está, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo dio como regalo de Navidad, y a él no le costó ni un centavo. Algún día yo te voy a regalar uno igualito... Entonces podrás ver tú mismo todas las cosas bonitas que hay en los escaparates de Navidad, de las que he estado tratando de contarte.
El hombre se bajó del auto y subió al hermanito enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, subió detrás de él, y los tres comenzaron a dar un paseo navideño inolvidable.
Esa Nochebuena, aquel hombre comprendió el verdadero significado de las palabras del apóstol Pablo, que a su vez recordaba las palabras de nuestro Señor Jesucristo: «Ahora los encomiendo a Dios y al mensaje de su gracia, mensaje que tiene poder para edificarlos y darles herencia entre todos los santificados. No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros. Con mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir.”»
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viernes, 9 de marzo de 2012

Published marzo 09, 2012 by with 0 comment

La importancia de tener Amigos. Marcos Witt

Durante una de las muchas conversaciones que tuve con este hermano, le preguntaba sobre las amistades que tenía a quien podríamos llamar para ayudarnos en el proceso de avisar a la congregación y a mostrar solidaridad hacia nuestro hermano durante el tiempo de crisis. Entre más le preguntaba, más me sorprendía que no había personas así en su vida. Había estado caminando solo por mucho tiempo. Esta es una de las armas más poderosas del enemigo para destruir nuestro liderazgo.

Cuando el Señor dijo, ¨No es bueno que el hombre esté solo¨, no se refería únicamente al matrimonio. Simplemente, Dios nos hizo de tal manera que no es bueno que estemos solos. Punto. El hombre necesita de otros compañeros y amigos en su vida. Proverbios 27:17 declara que el ¨hierro con hierro se aguza, y así el hombre aguza el rostro de su amigo¨. Nos necesitamos el uno al otro.

Una de las tristes realidades en el liderazgo es que muchos pensamos que no necesitamos de nadie. La misma naturaleza del liderazgo hace que seamos propensos a esta mentira. Por ejemplo: Hay tantas personas que llegan con nosotros para que les solucionemos los problemas y les saquemos de sus apuros que llegamos a pensar que somos personas que lo podemos todo. Muchos nos buscan para nuestro consejo y sabiduría. Podríamos caer en la tentación de sentirnos infalibles. Este es uno de los grandes espejismos del liderazgo y créame cuando le digo que es un espejismo que lo destruirá. ¿Cuántas veces necesitamos testificar la caída de un líder para entender la realidad que nos necesitamos el uno al otro?

Después de colgar el teléfono con este hermoso hombre de Dios, que ahora estaba viviendo una tristeza personal, ministerial y familiar porque había decidido caminar solo, le di tantas gracias a Dios que a través de los años, mi papá, Francisco Warren, insistió en que siempre nos rodeáramos de personas que nos pudieran amar a pesar de nuestros errores. Puedo señalar en mi vida a un grupo pequeño de hombres que conocen los errores más vergonzosos de mi vida y a pesar de esos errores, me amam, me cuidan y me muestran el camino por donde debo andar. Uno de ellos es mi baterista, Randall, que siempre me está llamando a cuentas cuando ve algo que no lo gusta en mi. Esto es tan saludable para mi como líder. Usted necesita álguien así en su liderazgo.

Si usted no está rodeado de hombres que le puedan amar, afirmar, corregir y aconsejar, le anímo a que rápidamente busque estas personas. Su liderazgo no podrá tener la influencia que podría tener al menos que esta área la tenga cubierta. Basta en solo dar un vistazo a su alrededor y ver las personas que Dios ya ha puesto en su vida y darles la confianza de hablar íntimamente en su vida. Esta confianza no se desarrollará rápidamente, sino que será algo que se dará con mucho tiempo y esfuerzo. Dedíquele tiempo a este aspecto muy importante de su liderazgo.

¡Es cuestión de vida o de muerte! …Literalmente. Pastor y Salmista: Marcos Witt -
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