miércoles, 13 de marzo de 2013
“Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.” Nehemías 4:17
Hola! ¿Qué tal? Soy Espíritu Santo, y en este día te entregaré una misión muy importante, que requiero que tú y nadie más que tú, me ayudes a cumplirla.
Las familias se están desintegrando, los valores éticos y morales se han perdido, la fe de muchos flaquea, los sueños y metas se están olvidando, el carácter de vencedor y de conquistador se convierte en debilidad y derrota.
Se necesita de personas como tú para restablecer familias, sueños y metas, dar ánimo al carácter debilitado y aquí te entrego herramientas para que tu saque adelante está misión, como Nehemías que en 52 días terminó la reconstrucción de los muros de su ciudad. “Fue terminado, pues, el muro, el veintinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días.” Nehemías 6:15.
1.Busca a Dios:
Él te abrirá las puertas que necesites para emprender tu misión.
“Entonces les declaré como la mano de mi Dios había sido buena sobre mí, y asimismo las palabras que el rey me había dicho. Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.” Nehemías 2:18.
2.Identifícate con la misión:
necesitas ver más allá de lo que otros alcanzan a ver, para observar las necesidades para darles solución.
“y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví.” Nehemías 4:15.
3. Transmite el propósito a otros e inyéctales ánimo:
Que otros VEAN en ti alguien seguro de la victoria, transmitiendo seguridad y confianza para lograr el objetivo.
“...venid y edifiquemos el muro de Jerusalén y no estemos más en oprobio. Entonces les declaré como la mano de mi Dios había sido buena sobre mí,...Y dijeron: Levantémonos y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien. Nehemías 2: 17,18.
4. No te dejes intimidar: Vendrán a decirte que no podrás, que eres muy joven para lograrlo, pero demuestra un CARÁCTER firme.
Entonces dije: ¿Un hombre cómo yo ha de huir? ¿y quién que fuera como yo entraría al templo para salvarse la vida? No entraré. Nehemías 6:11.
5. No dejes de trabajar hasta terminar: ENTREGATE por entero a esta misión, no dejes nada para más tarde y el éxito, Dios lo entregará en tus manos. "Fue terminado, pues, el muro, el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días. Y cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las naciones que estaban alrededor de nosotros, y se sintieron humillados, y conocieron que por nuestro Dios había sido hecha esta obra." Nehemías 6:15, 16.
No te preocupes por nada, las herramientas te las entrego, tienes todo mi apoyo para que esta misión sea exitosa.
Atte. Espíritu Santo.
P.D.: ¿Aceptas la Misión?
crecimiento espiritual, fe y esperanza, fortaleza espiritual, motivación cristiana, Nehemías, reconstrucción de vida, reedificar muros, restauración espiritual, volver a empezar
martes, 19 de febrero de 2013
Todo fue maravilloso para Érica Rieder, de Berna, Suiza, desde
que comenzó su noviazgo con Helmuth Gloger. Fueron maravillosos los
regalos que recibió de su novio, maravillosos los paseos a los lagos y
las veladas familiares a la antigua usanza. Fue maravilloso el
compromiso y maravillosa la ceremonia de bodas. Fue maravillosa también, según sus propias palabras, la luna de miel de quince días en un barco por el mar Báltico. Pero cuando regresó a la casa y empezó la vida matrimonial, ésta dejó de ser maravillosa para ella. Y al no poder soportar la idea de ser ama de casa toda su vida, Érica se suicidó.
Este es un caso extraño, aunque no del todo. Érica representa a las jóvenes modernas. Les gustan las fiestas, los bailes y los noviazgos. Les encantan los regalos, los galanteos, las flores y los perfumes. Sueñan con el compromiso, fijar la fecha de la boda y mostrar el anillo a sus amigas envidiosas.
Las emocionan los preparativos para la boda, las invitaciones de casamiento, el contrato de la comida y el pastel de bodas. Les parece maravilloso el traje de novia, la ceremonia hecha por el clérigo y la luna de miel. Todo es maravilloso ...
Pero el matrimonio no. La larga vida que empieza después de la
luna de miel, y que incluye lavar, planchar, cocinar, limpiar, dar a
luz hijos, cuidar del marido y los niños, y hacer vida de esposa y
madre, eso ya no es maravilloso. A esa conclusión llegó Érica, que al
final de una maravillosa luna de miel, como pocas muchachas pueden darse
el lujo de tener, se bebió una dosis de somnífero para despertar en la
eternidadP. Sólo mediante la fe en Jesucristo y la obediencia a sus eternas leyes morales se puede adquirir un sentido cabal y completo de lo que es la vida humana, una vida con sus placeres y sus deberes, sus privilegios y sus responsabilidades, sus libertades y sus restricciones. Sólo cuando Cristo es el Señor y el Maestro de la vida de ambos, puede una pareja ser feliz eternamente.
tomado de conciencia.net
viernes, 8 de febrero de 2013
El juez golpeó la mesa con el martillo, y solemnemente pronunció la
sentencia: «Concedida la demanda. Gregory queda divorciado de Raquel.»
Pero en este caso se refería al divorcio en sentido figurado, porque
quien se divorciaba era un niño de doce años de edad.
El menor había solicitado, en un tribunal de la Florida en los
Estados Unidos, divorciarse de su madre Raquel Kinsley para poder ser
adoptado legalmente por George y Lizz Russ, la pareja que lo había
criado. El juez concedió este extraño divorcio porque Raquel, la madre,
había abandonado por completo a su hijo prácticamente desde que nació.
En la actualidad los divorcios no son excepcionales, pero este
divorcio es singular porque lo solicitó contra su madre un niño de doce
años. La madre era drogadicta, mujer de bares y clubes nocturnos, de
hombres, de fiestas y de abandono. En los doce años de la vida de
Gregory, Raquel nunca fungió como verdadera madre. Fue madre biológica y
nada más.
Gregory nunca tuvo cariño, ni educación ni cuidado. En cambio, la
otra pareja le dio a Gregory todo lo que un niño necesita: amor,
protección, consejos y la palabra mágica «hogar».
Lo cierto es que el hogar y la familia están sufriendo un ataque
despiadado por parte de fuerzas enemigas como lo son el desapego de los
padres hacia los hijos, la libertad excesiva, los vicios desenfrenados,
la inmoralidad desvergonzada, y la irreligiosidad. La antigua
institución judeo-cristiana se bambolea: las paredes se resquebrajan, el
techo se hunde, los cimientos ceden y la casa se viene abajo.
¿Qué consecuencias trae este derrumbe del hogar, especialmente entre
los adolescentes? Drogadicción, pandillaje, relaciones sexuales fuera
del matrimonio, embarazos indeseados, delincuencia juvenil. Todos estos
males tienen origen en hogares que no son hogares sino sólo casas,
cuatro paredes frías sin alma.
¿De dónde proceden todos estos males sociales? De un gran divorcio
previo, cuando el hombre se divorció de Dios. Todos los males que hay en
el mundo —y la lista es larga— provienen de aquel primer divorcio que
Adán y Eva hicieron de Dios su Creador y Padre.
Sin embargo, es posible reconciliarse con Dios y volver a casarse.
Hay sanidad en la familia cuando se restablece esta comunión.
Sometámonos al señorío de Jesuscristo. Cuando Él es Señor de nuestra
vida, de nuestro matrimonio y de nuestro hogar, todo cambia. Él está en
este momento tocando a la puerta de nuestro corazón. Abrámosela hoy
mismo.
Hno. Pablo, Un Mensaje a la Conciencia
jueves, 24 de enero de 2013
Un rey
recibió como obsequio, dos pequeños halcones, y los entregó al maestro de
cetrería, para que los entrenara. Pasados unos meses, el maestro le informó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente, pero que al otro no sabía qué le sucedía: no se había movido de la rama donde lo dejó desde el día que llegó.
El rey mandó llamar a curanderos y sanadores para que vieran al halcón, pero nadie pudo hacer volar el ave.
Encargó, entonces, la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió.
Al día siguiente, por la ventana, el monarca pudo observar, que el ave aún continuaba inmóvil.
Entonces, decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que hiciera volar al halcón.
A la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente por los jardines.
El rey le dijo a su corte, "Traedme al autor de ese milagro". Su corte rápidamente le presentó a un campesino.
El rey le preguntó:
- ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago?
Intimidado el campesino le dijo al rey:
- Fue fácil mi rey. Sólo corte la rama, y el halcón voló.
- Se dio cuenta que tenía alas y se largó a volar.
¿A que estás agarrado que te impide volar? ¿De qué no te puedes soltar?
Vivimos dentro de una zona de comodidad donde nos movemos, y creemos que eso es lo único que existe. Dentro de esa zona está todo lo que sabemos, y todo lo que creemos. Convivimos con nuestros valores, nuestros miedos y nuestras limitaciones. En esa zona reina nuestro pasado y
nuestra historia.
Todo lo conocido, cotidiano y fácil...
Tenemos sueños, queremos resultados, buscamos oportunidades, pero no siempre estamos dispuestos a correr riesgos. No siempre estamos dispuestos a transitar caminos difíciles.
Deja de aferrarte a tu propia rama y corre el riesgo de volar más alto y quizás en tu vida como en la mía, podamos descubrir que las palabras del
gran apóstol Pablo hoy más que nunca están vigentes:
"Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman". (1ª Corintios 2:9)
Dios nos ha dado alas para volar alto, tan alto como las águilas y descubrir que sus pensamientos al igual que sus caminos, son mas altos que los
nuestros.
Atrévete a volar...
lunes, 21 de enero de 2013
“Yo he venido para que tengan vida” (Juan 10:10).
El corazón de Jesús fue puro. Miles adoraban al Salvador, sin embargo estaba contento con una vida sencilla. Había mujeres que lo atendían (Lc.8:1-3), sin embargo jamás se le acusó de pensamientos lujuriosos; su propia creación lo despreció, pero voluntariamente los perdonó incluso antes de que pidieran misericordia.
Pedro, quien acompañó a Jesús por tres años y medio, le describe como
«un cordero sin mancha y sin defecto» (1º P.1:19). Después de pasar el
mismo tiempo con Jesús, Juan concluyó: «Y él no tiene pecado» (1º
Jn.3:5).
El corazón de Jesús fue pacífico. Los discípulos se
preocuparon por la necesidad de alimentar a miles, pero Jesús no.
Agradeció a Dios por el problema. Los discípulos gritaron por miedo a la
tempestad, pero Jesús no. Él dormía. Jesús levantó su mano para sanar.
Su corazón tenía paz. Cuando sus discípulos lo abandonaron, ¿se enfadó y
se fue a su casa? Cuando Pedro lo negó, ¿perdió Jesús los estribos?
Cuando los soldados le escupieron en la cara, ¿les vomitó fuego encima?
Ni pensarlo. Tenía paz. Los perdonó. Rehusó dejarse llevar por la
venganza.El corazón de Jesús fue puro. Miles adoraban al Salvador, sin embargo estaba contento con una vida sencilla. Había mujeres que lo atendían (Lc.8:1-3), sin embargo jamás se le acusó de pensamientos lujuriosos; su propia creación lo despreció, pero voluntariamente los perdonó incluso antes de que pidieran misericordia.
Pedro, quien acompañó a Jesús por tres años y medio, le describe como
«un cordero sin mancha y sin defecto» (1º P.1:19). Después de pasar el
mismo tiempo con Jesús, Juan concluyó: «Y él no tiene pecado» (1º
Jn.3:5).También rehusó dejarse llevar por nada que no fuera su alto llamamiento. Su corazón estaba lleno de propósitos. La mayoría de las vidas no se proyectan hacia algo en particular, y nada logran. Jesús se proyectó hacia una sola meta: salvar a la humanidad de sus pecados. Pudo resumir su vida con una frase: «Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lc.19:10).
El mismo que salvó su alma anhela rehacer su corazón. Dios está dispuesto a cambiarnos a semejanza del Salvador. ¿Aceptaremos su oferta?
Extracto del libro “3:16”
Por Max Lucadoamistad., conquistador de promesas, Hno. Pablo, marcos Witt, Max, mensaje, mujeres, pincesas, poder, promesas, sigueme
martes, 15 de enero de 2013
Pablo al igual que nosotros se enfrentó a dificultades en su
trabajo (ministerio), pero me gusta mucho sus declaraciones:
"Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Filipenses 4.12-13 Tenía la perspectiva correcta, sabía a quién dirigirse.
Luego en otro momento de su vida detalló:
"Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen." 2° Corintios 4.8-9
Tenía problemas difíciles pero supo a quien dirigirse-
Nosotros no vemos la vida con una perspectiva diferente. Siempre el dolor nos quita la visión, la traición nos hace culparnos.
Usted puede ver las tormentas de la vida como obstáculos o como oportunidades; la decisión es suya.
Puede paralizarse por tus circunstancias o puedes apoderarte por Cristo; la decisión es suya.
Puedes ser negativo y quejumbroso pero una cosa es importante decir; ser negativo te agotará, te desgastará y frustrará a todos aquellos que te rodean. (Sino recordemos las noches que los problemas se recuestan en nuestra cama).
"Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece." Filipenses 4.12-13 Tenía la perspectiva correcta, sabía a quién dirigirse.
Luego en otro momento de su vida detalló:
"Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen." 2° Corintios 4.8-9
Tenía problemas difíciles pero supo a quien dirigirse-
Nosotros no vemos la vida con una perspectiva diferente. Siempre el dolor nos quita la visión, la traición nos hace culparnos.
Usted puede ver las tormentas de la vida como obstáculos o como oportunidades; la decisión es suya.
Puede paralizarse por tus circunstancias o puedes apoderarte por Cristo; la decisión es suya.
Puedes ser negativo y quejumbroso pero una cosa es importante decir; ser negativo te agotará, te desgastará y frustrará a todos aquellos que te rodean. (Sino recordemos las noches que los problemas se recuestan en nuestra cama).
viernes, 21 de diciembre de 2012
Un hombre recibió de parte de su hermano un automóvil como regalo de
Navidad. Cuando salió de su oficina esa Nochebuena, vio que un niño
desamparado estaba caminando alrededor del brillante auto nuevo y que
lo contemplaba con admiración.
—¿Este es su auto, señor? —preguntó el niño.
El hombre afirmó con la cabeza.
—Mi hermano me lo dio como regalo de Navidad.
El niño se quedó asombrado.
—¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada? A mí sí que me gustaría... —titubeó el niño.
El hombre se imaginó lo que iba a decir el niño: que le gustaría
tener un hermano así. Pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció
al hombre de pies a cabeza:
—Me gustaría poder ser un hermano así.
El hombre miró al muchacho con asombro, y se le ocurrió preguntarle:
—¿Te gustaría dar una vuelta en el auto?
—¡Claro que sí! ¡Me encantaría!
Después de un corto paseo, el niño se volvió y, con los ojos chispeantes, le dijo al hombre:
—Señor, ¿sería mucho pedirle que pasáramos frente a mi casa?
El hombre sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería.
Seguramente deseaba mostrarles a sus vecinos que podía llegar a su casa
en un gran automóvil. Pero, de nuevo, el hombre estaba equivocado.
—¿Se puede detener donde están esos dos escalones?
El niño subió corriendo, y al rato el hombre oyó que regresaba,
pero no tan rápido como había salido. Era que traía a su hermanito
lisiado. Tan pronto como lo acomodó en el primer escalón, le señaló el
automóvil.
—¿Lo ves? Allí está, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano
se lo dio como regalo de Navidad, y a él no le costó ni un centavo.
Algún día yo te voy a regalar uno igualito... Entonces podrás ver tú
mismo todas las cosas bonitas que hay en los escaparates de Navidad, de
las que he estado tratando de contarte.
El hombre se bajó del auto y subió al hermanito enfermo al
asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, subió
detrás de él, y los tres comenzaron a dar un paseo navideño
inolvidable.
Esa Nochebuena, aquel hombre comprendió el verdadero significado
de las palabras del apóstol Pablo, que a su vez recordaba las palabras
de nuestro Señor Jesucristo: «Ahora los encomiendo a Dios y al mensaje
de su gracia, mensaje que tiene poder para edificarlos y darles
herencia entre todos los santificados. No he codiciado ni la plata ni el
oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se
han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros. Con
mi ejemplo les he mostrado que es preciso trabajar duro para ayudar a
los necesitados, recordando las palabras del Señor Jesús: “Hay más
dicha en dar que en recibir.”»
altar, amigos, Conciencia, conquistador de promesas, esperanza, Hno. Pablo, Jesús, JOSUÉ, LUCHA, marcos Witt, Max, mensaje, muejres, mujeres, poder, promesas, Puede, sigueme
Era un nombre de varón, breve y sonoro. Un nombre que, con sólo
pronunciarlo, evoca imágenes de los cuentos árabes de Las mil y una
noches. Un nombre que hace pensar en la Mezquita de Omar, y en aquel
Califa del mismo nombre que quemó la Biblioteca de Alejandría por
contener libros contrarios a la fe musulmana. El nombre era «Omar».
Sin embargo, en este caso el nombre «Omar» estaba escrito con
sangre humana en la pared de una costosa residencia de Mougin en la
Costa Azul. Lo había escrito la millonaria Ghislaine Marchal, herida de
muerte por su jardinero Omar Raddad. Ese solo nombre, escrito con
sangre, fue prueba suficiente para arrestar y condenar al jardinero. Los
diarios franceses que dieron cuenta del suceso lo llamaron «El mensaje
de la sangre». Y en verdad, fue todo un mensaje, y toda una acusación,
escrito con la sangre de una víctima inocente.
Si hay un elemento en el cuerpo humano que por sí solo posee
elocuencia, es la sangre. La literatura universal menciona infinidad de
veces la sangre: «sangre ardiente», «sangre heroica», «sangre inocente».
Incluso, de un buen caballo de carreras se dice que es «de pura
sangre».
La Biblia trata sobre dos sangres que tienen un mensaje
extraordinario para la humanidad. Son ellas la sangre de Abel y la
sangre de Cristo. Ninguna otra sangre tiene tanta elocuencia y tanto
significado.
La sangre de Abel —dice la Biblia—, la primera víctima del odio
religioso, «reclama justicia» (Génesis 4:10). En cambio, la sangre de
Cristo «limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7). La sangre de Abel, el
justo, pide venganza; la sangre de Cristo, el Salvador, pide perdón para
toda la humanidad.
Si no comprendemos el propósito del sacrificio de Cristo, tampoco
podremos entender la razón por la que vinimos a este mundo. Todos hemos
venido a este mundo para vivir, es decir, para cumplir en vida el
propósito de haber nacido. Con Cristo fue todo lo contrario. Él cumplió
el propósito de su venida con su muerte. De sí mismo Él dijo: «El Hijo
del Hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su
vida en rescate por muchos» (Mateo 20:28).
La muerte de Cristo, el derramamiento de su preciosa sangre, fue
el único propósito de su encarnación. Él vino para morir en expiación
por nuestros pecados. Somos eternamente salvos mediante su muerte.
Nuestra salvación descansa en la muerte de Cristo. Aceptemos ese favor
divino. Él murió por nosotros
amistad., Conciencia, Dios, Hno. Pablo, Jesús, mensaje, mujeres, oración, sigueme, soldado
Era la fiesta de los Enamorados en Londres. Se celebraba un alegre
baile juvenil en un edificio de dos pisos. La noticia de la fiesta se
difundió. Los jóvenes fueron llegando en parejas, en grupos de cuatro,
de seis, de ocho, de diez. Cuando ya había más de doscientos jóvenes
bailando rock, el piso cedió.
Se debió a una simple ley física. Un piso hecho para soportar a
cincuenta personas no puede soportar a doscientas. El piso se rompió y
los jóvenes cayeron en medio de una espantosa confusión. Dos muertos y
sesenta heridos fue el saldo del trágico final de la fiesta.
Hay leyes físicas que no se pueden violar sin pagar las
consecuencias. Si se ponen los dedos en el metal caliente, se sentirá
la quemadura. Si se toca un cable eléctrico, se sentirá la descarga. Si
se deslizan los dedos por el filo del cuchillo, correrá la sangre.
El universo tiene infinidad de leyes físicas que son así porque
así las formuló el Creador. No se pueden violar sin sufrir algún
percance. Y también el universo, y especialmente la humanidad, poseen
una gran cantidad de leyes morales, igualmente firmes, igualmente
valiosas, que tampoco se pueden violar con impunidad.
Consideremos el caso de Londres. El piso del edificio no cedió
debido a que los jóvenes bailaban música rock, ni porque bebían
cerveza, ni porque algunos fumaban marihuana ni porque algunas jóvenes
parejas se entregaban a excesivas muestras de cariño. Cedió porque se
le puso encima demasiado peso, y nada más; es decir, por una simple ley
física.
Así mismo, si sobre una esposa sufrida o un esposo demasiado
ingenuo, el otro cónyuge empieza a poner demasiado peso de infidelidad,
tarde que temprano habrá un quiebre, una ruptura, un desastre. Es una
simple ley moral.
Muchas esposas ceden por el peso de demasiadas burlas del marido, y
se rompen como estante de vidrio que deja caer estrepitosamente la
excesiva carga de copas que se le ha puesto encima. Y quedan igualmente
hechas añicos.
No se puede cargar un puente con demasiada carga ni poner
demasiado peso en la bodega de un barco o de un avión. Todo tiene un
límite. Pasado ese límite, hay peligro de muerte.
Tampoco se puede cargar el corazón de un ser humano con demasiada
pena. Y menos cuando ese corazón es el de la esposa o del esposo.
Pidámosle hoy a Cristo sabiduría, comprensión y poder. Él nos ayudará
amigos, armadura, batalla, Conciencia, Dios, Hno. Pablo, Jesús, mujeres, poder, Reto
lunes, 3 de diciembre de 2012
LA PEOR HUELGA DE TODAS
por el Hermano Pablo
El primer día fue cuestión de chistes. La ciudad entera se rió del
suceso. El segundo día siguieron los chistes, aunque menguaron. El
tercer día y el cuarto el asunto comenzó a tomar otro cariz. Al sexto
día los chistes dieron lugar al miedo. Y ya para el octavo día la
situación era insoportable.
La ciudad de Bilbao, España, sufría una huelga de basureros. Los recolectores de desperdicios no daban su brazo a torcer, y miles de toneladas de basura comenzaban a heder y a difundir gérmenes letales. Parecía que la ciudad se ahogaría antes que surgiera alguna solución. Pero al fin las diferencias se resolvieron y Bilbao quedó limpia y sana otra vez.
Si hay una huelga que en verdad afecta una ciudad, es la huelga de recolectores de basura. Una huelga de choferes de autobuses paraliza por un tiempo la ciudad, pero no la asfixia. Si los obreros de una empresa de periódicos hacen huelga, no hay noticias, pero nadie se ahoga. En cambio, si los encargados de recoger los desperdicios se declaran en huelga, el resultado es desastroso. Recoger y quemar diariamente la basura es una labor imprescindible.
Así mismo sucede con nuestra alma. Si está llena de basura, tarde o temprano nos destruirá. Lo peor del caso es que nuestra alma puede acostumbrarse a la inmundicia a tal grado que ni cuenta se da del mal que en ella hay.
No nos damos cuenta, por ejemplo, del mal destructivo que produce la mentira. Hay personas que mienten con tanta facilidad que lo hacen aun cuando les es más provechoso decir la verdad. Por algo dice la Biblia que los mentirosos no entrarán en el reino de los cielos.
¿Y qué del adulterio? Manchar el matrimonio con el adulterio se ha hecho tan común que hay quien se extraña que eso se considere inmundicia. Pero por algo dice Dios que el adúltero tampoco entrará en el reino de los cielos.
Son muchas las inmundicias que fácilmente dejamos entrar en nuestra vida. La lista es larga, y las manchas, negras. ¿Qué del desfalco? ¿Qué del odio? ¿Qué de la ofensa? ¿Qué de la avaricia? Todo eso es basura que ahoga nuestro bienestar.
Ya es hora de que quememos esa basura. De otro modo nuestra vida entera tendrá un hedor tan fuerte que sólo otro sucio la podrá aguantar. La Biblia dice que la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Sólo tenemos que aceptar su sacrificio y someternos a su señorío para ser limpios. Saquemos, pues, la basura de nuestra vida, y dejemos que entre y ocupe su lugar nuestro inmaculado Salvador.
La ciudad de Bilbao, España, sufría una huelga de basureros. Los recolectores de desperdicios no daban su brazo a torcer, y miles de toneladas de basura comenzaban a heder y a difundir gérmenes letales. Parecía que la ciudad se ahogaría antes que surgiera alguna solución. Pero al fin las diferencias se resolvieron y Bilbao quedó limpia y sana otra vez.
Si hay una huelga que en verdad afecta una ciudad, es la huelga de recolectores de basura. Una huelga de choferes de autobuses paraliza por un tiempo la ciudad, pero no la asfixia. Si los obreros de una empresa de periódicos hacen huelga, no hay noticias, pero nadie se ahoga. En cambio, si los encargados de recoger los desperdicios se declaran en huelga, el resultado es desastroso. Recoger y quemar diariamente la basura es una labor imprescindible.
Así mismo sucede con nuestra alma. Si está llena de basura, tarde o temprano nos destruirá. Lo peor del caso es que nuestra alma puede acostumbrarse a la inmundicia a tal grado que ni cuenta se da del mal que en ella hay.
No nos damos cuenta, por ejemplo, del mal destructivo que produce la mentira. Hay personas que mienten con tanta facilidad que lo hacen aun cuando les es más provechoso decir la verdad. Por algo dice la Biblia que los mentirosos no entrarán en el reino de los cielos.
¿Y qué del adulterio? Manchar el matrimonio con el adulterio se ha hecho tan común que hay quien se extraña que eso se considere inmundicia. Pero por algo dice Dios que el adúltero tampoco entrará en el reino de los cielos.
Son muchas las inmundicias que fácilmente dejamos entrar en nuestra vida. La lista es larga, y las manchas, negras. ¿Qué del desfalco? ¿Qué del odio? ¿Qué de la ofensa? ¿Qué de la avaricia? Todo eso es basura que ahoga nuestro bienestar.
Ya es hora de que quememos esa basura. De otro modo nuestra vida entera tendrá un hedor tan fuerte que sólo otro sucio la podrá aguantar. La Biblia dice que la sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:7). Sólo tenemos que aceptar su sacrificio y someternos a su señorío para ser limpios. Saquemos, pues, la basura de nuestra vida, y dejemos que entre y ocupe su lugar nuestro inmaculado Salvador.
POR LA PATADA DE UN BURRO
por el Hermano Pablo
«¡Vete a cuidar los burros! —dijo la mujer, enojada—. ¡Es lo único que sabes hacer bien!» El hombre, paciente y calmado, no como un burro sino como una oveja, se encaminó al corral. «Es cierto —pensó—, lo único que hago bien es cuidar los burros.»
Estando entre los asnos, Guido Manzi, granjero de Faroli, al sur de Roma, recibió en la cabeza la patada de uno de los burros. Su esposa, Rosa, lo encontró inconsciente y lo llevó al hospital. Después de tres días en coma, recuperó el conocimiento.
Pero tras la patada, se le desarrolló la inteligencia. Dos años después del suceso, Guido Manzi había llegado a ser un consumado mecánico, habiendo diseñado varios aparatos mecánicos y dos modelos de motor de automóvil.
Este caso es asombroso. Los médicos no podían explicárselo. Parece que la patada del animal produjo un desplazamiento masivo del cerebro de Guido, y de alguna manera extraña se le despertaron cualidades dormidas, y el hombre se convirtió en un próspero y cotizado diseñador de motores y máquinas.
A veces hace falta en la vida un fuerte golpe para despertar, si no la inteligencia, la conciencia. Hay hombres que reaccionan y salen de una vida delictuosa después de caer en la cárcel. Hay matrimonios que se dan cuenta de que se aman y se necesitan después de divorciarse. Y hay padres que reconocen cuánto necesitan a sus hijos después de que uno de ellos sufre un accidente mortal. Cuando no se aprende de otra manera, hay que aprender a golpes. Así parece ser la ruda escuela de la vida.
En una de nuestras capitales, un hombre llegó a comer desperdicios en una zanja llena de barro antes de reaccionar. Pero llegó, con el tiempo, a ser capataz de un gran depósito de comestibles.
Parece que Dios tiene una benevolencia especial para los que llegan al fondo del abismo y no les queda ninguna esperanza. De ellos Jesucristo dijo: «El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10).
Pero no es necesario recibir la coz de un burro, ni llegar a comer desperdicios para encontrar la salvación. Ahora mismo, con buena salud y condiciones favorables, podemos tomar la gran decisión de la vida: aceptar a Cristo como Señor, Salvador y Maestro. Él puede y quiere cambiar por completo el rumbo de nuestra vida-
A los nueve años de edad tenía vista de lince, gran aptitud para
correr, e inteligencia sobresaliente. Pero a los diez, en un juego de
cricket, recibió un terrible pelotazo en el ojo derecho, y a las pocas
semanas Cyril Charles, un niño de la isla Trinidad, quedó casi
totalmente ciego.
¿Qué hace un niño de diez años de edad que de repente pierde la vista? Hace lo que, por lo general, no hacen los adultos. En esto podríamos nosotros los adultos aprender de los niños.
Cyril Charles, sin amilanarse, comenzó de inmediato a aprender el braille y, mientras lo aprendía, continuó cursando sus estudios. Aunque lo muy poco que veía aparecía borroso, continuó también practicando el fútbol y el atletismo. Con el paso del tiempo Cyril no sólo se convirtió en un estudiante singular, sino que sobresalió en el deporte. Y a los veinte años ganó una maratón para minusválidos.
Al año de ganarse esa carrera, con los adelantos de la ciencia fue operado de la vista, y Cyril recuperó su visión. Había pasado muchos años en sombras, pero resurgió, por fin, a la luz y a esperanzas cumplidas.
Una desgracia física no es el fin de la vida. El mundo no se detiene porque uno haya sufrido un percance. Es cierto que hay que hacer ajustes. A veces es cuestión de enfrentar un nuevo régimen de acción, pero la vida sigue. Y la esperanza, la fuerza de voluntad, la férrea resolución, la tenacidad y la constancia traen, con el tiempo, el triunfo.
No perdamos la fe. La fe en uno mismo y la confianza en los semejantes producen una esperanza que trasciende toda tragedia humana. El cuerpo físico puede nacer contrahecho o débil. Puede deteriorarse. Puede, incluso, perder uno de sus miembros o uno de sus sentidos físicos. Pero si dentro del cuerpo tenemos el alma viva y pujante, triunfaremos porque ésta nos sostendrá.
No perdamos la fe. Creamos, más bien, en Dios. La fe en Dios nuestro Creador produce una fuerza en nosotros mil veces mayor que la fuerza humana. Las competencias deportivas para minusválidos que se realizan ya en casi todas partes del mundo están demostrando que cojos, mancos, paralíticos, ciegos y otros muchos impedidos pueden vencer obstáculos increíbles.
No perdamos la fe. Aferrémonos, más bien, a la mano de Dios. Creamos como creía el apóstol Pablo, que dijo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).
¿Qué hace un niño de diez años de edad que de repente pierde la vista? Hace lo que, por lo general, no hacen los adultos. En esto podríamos nosotros los adultos aprender de los niños.
Cyril Charles, sin amilanarse, comenzó de inmediato a aprender el braille y, mientras lo aprendía, continuó cursando sus estudios. Aunque lo muy poco que veía aparecía borroso, continuó también practicando el fútbol y el atletismo. Con el paso del tiempo Cyril no sólo se convirtió en un estudiante singular, sino que sobresalió en el deporte. Y a los veinte años ganó una maratón para minusválidos.
Al año de ganarse esa carrera, con los adelantos de la ciencia fue operado de la vista, y Cyril recuperó su visión. Había pasado muchos años en sombras, pero resurgió, por fin, a la luz y a esperanzas cumplidas.
Una desgracia física no es el fin de la vida. El mundo no se detiene porque uno haya sufrido un percance. Es cierto que hay que hacer ajustes. A veces es cuestión de enfrentar un nuevo régimen de acción, pero la vida sigue. Y la esperanza, la fuerza de voluntad, la férrea resolución, la tenacidad y la constancia traen, con el tiempo, el triunfo.
No perdamos la fe. La fe en uno mismo y la confianza en los semejantes producen una esperanza que trasciende toda tragedia humana. El cuerpo físico puede nacer contrahecho o débil. Puede deteriorarse. Puede, incluso, perder uno de sus miembros o uno de sus sentidos físicos. Pero si dentro del cuerpo tenemos el alma viva y pujante, triunfaremos porque ésta nos sostendrá.
No perdamos la fe. Creamos, más bien, en Dios. La fe en Dios nuestro Creador produce una fuerza en nosotros mil veces mayor que la fuerza humana. Las competencias deportivas para minusválidos que se realizan ya en casi todas partes del mundo están demostrando que cojos, mancos, paralíticos, ciegos y otros muchos impedidos pueden vencer obstáculos increíbles.
No perdamos la fe. Aferrémonos, más bien, a la mano de Dios. Creamos como creía el apóstol Pablo, que dijo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).
viernes, 9 de marzo de 2012
Durante una de las muchas conversaciones que tuve con este hermano, le preguntaba sobre las amistades que tenía a quien podríamos llamar para ayudarnos en el proceso de avisar a la congregación y a mostrar solidaridad hacia nuestro hermano durante el tiempo de crisis. Entre más le preguntaba, más me sorprendía que no había personas así en su vida. Había estado caminando solo por mucho tiempo. Esta es una de las armas más poderosas del enemigo para destruir nuestro liderazgo.
Cuando el Señor dijo, ¨No es bueno que el hombre esté solo¨, no se refería únicamente al matrimonio. Simplemente, Dios nos hizo de tal manera que no es bueno que estemos solos. Punto. El hombre necesita de otros compañeros y amigos en su vida. Proverbios 27:17 declara que el ¨hierro con hierro se aguza, y así el hombre aguza el rostro de su amigo¨. Nos necesitamos el uno al otro.
Una de las tristes realidades en el liderazgo es que muchos pensamos que no necesitamos de nadie. La misma naturaleza del liderazgo hace que seamos propensos a esta mentira. Por ejemplo: Hay tantas personas que llegan con nosotros para que les solucionemos los problemas y les saquemos de sus apuros que llegamos a pensar que somos personas que lo podemos todo. Muchos nos buscan para nuestro consejo y sabiduría. Podríamos caer en la tentación de sentirnos infalibles. Este es uno de los grandes espejismos del liderazgo y créame cuando le digo que es un espejismo que lo destruirá. ¿Cuántas veces necesitamos testificar la caída de un líder para entender la realidad que nos necesitamos el uno al otro?
Después de colgar el teléfono con este hermoso hombre de Dios, que ahora estaba viviendo una tristeza personal, ministerial y familiar porque había decidido caminar solo, le di tantas gracias a Dios que a través de los años, mi papá, Francisco Warren, insistió en que siempre nos rodeáramos de personas que nos pudieran amar a pesar de nuestros errores. Puedo señalar en mi vida a un grupo pequeño de hombres que conocen los errores más vergonzosos de mi vida y a pesar de esos errores, me amam, me cuidan y me muestran el camino por donde debo andar. Uno de ellos es mi baterista, Randall, que siempre me está llamando a cuentas cuando ve algo que no lo gusta en mi. Esto es tan saludable para mi como líder. Usted necesita álguien así en su liderazgo.
Si usted no está rodeado de hombres que le puedan amar, afirmar, corregir y aconsejar, le anímo a que rápidamente busque estas personas. Su liderazgo no podrá tener la influencia que podría tener al menos que esta área la tenga cubierta. Basta en solo dar un vistazo a su alrededor y ver las personas que Dios ya ha puesto en su vida y darles la confianza de hablar íntimamente en su vida. Esta confianza no se desarrollará rápidamente, sino que será algo que se dará con mucho tiempo y esfuerzo. Dedíquele tiempo a este aspecto muy importante de su liderazgo.
¡Es cuestión de vida o de muerte! …Literalmente. Pastor y Salmista: Marcos Witt -
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Cuando el Señor dijo, ¨No es bueno que el hombre esté solo¨, no se refería únicamente al matrimonio. Simplemente, Dios nos hizo de tal manera que no es bueno que estemos solos. Punto. El hombre necesita de otros compañeros y amigos en su vida. Proverbios 27:17 declara que el ¨hierro con hierro se aguza, y así el hombre aguza el rostro de su amigo¨. Nos necesitamos el uno al otro.
Después de colgar el teléfono con este hermoso hombre de Dios, que ahora estaba viviendo una tristeza personal, ministerial y familiar porque había decidido caminar solo, le di tantas gracias a Dios que a través de los años, mi papá, Francisco Warren, insistió en que siempre nos rodeáramos de personas que nos pudieran amar a pesar de nuestros errores. Puedo señalar en mi vida a un grupo pequeño de hombres que conocen los errores más vergonzosos de mi vida y a pesar de esos errores, me amam, me cuidan y me muestran el camino por donde debo andar. Uno de ellos es mi baterista, Randall, que siempre me está llamando a cuentas cuando ve algo que no lo gusta en mi. Esto es tan saludable para mi como líder. Usted necesita álguien así en su liderazgo.
Si usted no está rodeado de hombres que le puedan amar, afirmar, corregir y aconsejar, le anímo a que rápidamente busque estas personas. Su liderazgo no podrá tener la influencia que podría tener al menos que esta área la tenga cubierta. Basta en solo dar un vistazo a su alrededor y ver las personas que Dios ya ha puesto en su vida y darles la confianza de hablar íntimamente en su vida. Esta confianza no se desarrollará rápidamente, sino que será algo que se dará con mucho tiempo y esfuerzo. Dedíquele tiempo a este aspecto muy importante de su liderazgo.
¡Es cuestión de vida o de muerte! …Literalmente. Pastor y Salmista: Marcos Witt -
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